Por: Daniel Emilio Rojas Castro

La casa colombiana de París

La celebración del año Francia-Colombia en 2017 debe ser la plataforma para revivir este anhelado proyecto.

De la creación de una residencia para los estudiantes, investigadores y profesores colombianos en la Fundación Ciudad internacional universitaria de París (CIUP) se ha hablado desde al menos hace 15 años. Según algunos comunicados oficiales de 2011 y 2015, el tema volvió a mencionarse en las dos últimas visitas oficiales del gobierno colombiano a Francia.

Una comisión binacional en la que participan miembros de la administración universitaria, políticos e incluso algunos representantes del sector empresarial se creó en el año 2011 para gestionar la realización del proyecto, pero sus avances no se han dado a conocer ni a la opinión pública ni a los estudiantes colombianos que adelantan estudios superiores en Francia.

Del lado francés, las directivas de la CIUP se comprometieron a ceder gratuitamente y a perpetuidad un terreno para la institución que ejecutara el proyecto y administrara la casa; una  primera propuesta de construcción fue elaborada por un arquitecto franco-colombiano reconocido y hay cálculos sobre costos y posibilidades de financiamiento. La casa colombiana de París se inscribiría en una nueva fase de renovación urbana de la CIUP que contempla la liberación de parcelas para erigir nuevas residencias estudiantiles, la creación de un dispositivo de protección visual y acústica contra el ruido y la circulación de vehículos de la avenida circunvalar que rodea parte de la CIUP, la abertura de espacios peatonales aledaños y la creación de nuevos parques y espacios verdes.

La explicación al lacónico silencio que ha acompañado el proyecto reside, del lado colombiano, en que a pesar de las declaraciones de buenas intenciones proferidas por uno u otro integrante de la comisión el proyecto sigue estando en su fase inicial. Dado que ni el Ministerio de Educación ni los representantes de las universidades públicas y privadas colombianas se han apropiado de la idea, es necesario que el año Francia-Colombia se convierta en una plataforma para revivirla y cimentarla con bases sólidas porque se trata de uno de los pilares más importantes de la cooperación universitaria franco-colombiana en las próximas décadas.

La necesidad de una  residencia para los colombianos es evidente si se piensa en el número de estudiantes que realizan estudios en el hexágono. Para 2015, Francia contaba con una población de 3.500 estudiantes colombianos inscritos en programas de educación superior, de los cuales 525 hacían (o hacen) doctorados. El aumento de los programas de movilidad y de las becas otorgadas por diversas corporaciones e instituciones de crédito para hacer estudios en Francia hace pensar que ambas cifras van a multiplicarse en los años venideros. Otro factor que permite vislumbrar el aumento del flujo de colombianos es que el número de acuerdos de cooperación y de reconocimiento reciproco de diplomas pasó de 23 en el 2008 a 130 en el 2015.

Todos los interesados en la proyección internacional de Colombia y los estudiantes colombianos en Francia deben involucrarse en la construcción de la casa y exigir de sus representantes políticos y académicos un compromiso serio y transparente para que se haga realidad. Los ejecutores del proyecto deben ser portadores de grandeza moral y no supeditarlo a los intereses de uno u otro gobierno. La casa colombiana de París no puede convertirse en el patrimonio de una camarilla de notables y su verdadera misión, como será menester repetirlo en los eventos que tendrán lugar en el 2017, debe ser recompensar el mérito intelectual y las calidades humanas de los estudiantes e investigadores colombianos que se encuentran en el exterior.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Emilio Rojas Castro

La migración venezolana

Pedro Sánchez, la apuesta europea

El club de las malas prácticas

Un nuevo consenso europeo

Arribismo colombiano