Por: Aldo Civico

La Clinton que yo conocí

Cuando lean esta columna, espero que Hillary Clinton sea la nueva presidenta de los Estados Unidos. De hecho, escribo mientras las urnas están todavía abiertas.

He tenido varias oportunidades de encontrarme con Hillary Clinton. La primera vez fue en un restaurante del Hotel Hilton en Manhattan. Mi mentor, el alcalde antimafia de Palermo, Leoluca Orlando, me preguntó si le podía organizar un desayuno con la recién elegida senadora, quien, cuando fue primera dama, estuvo varios días en Palermo como huésped del alcalde Orlando.

Cuando contacté al equipo de Clinton, no tardaron mucho en darnos una cita. Cuando llegamos, el servicio secreto había reservado para nosotros todo un sector del restaurante. Hablamos durante más de una hora.

En esa oportunidad, Clinton también le contó a Orlando sobre una conversación que había tenido con el presidente Uribe, en la cual le había aconsejado mirar al modelo de cultura de la legalidad liderado por el alcalde antimafia. No creo que el presidente Uribe haya seguido el consejo de la entonces senadora.

Otro encuentro memorable fue cuando acompañé a Juanes y a Fernán Martínez al séptimo piso del Departamento de Estado. En ese entonces estábamos organizando el concierto Paz sin Fronteras en Cuba y para poder ejecutarlo se necesitaba levantar las restricciones impuestas por el embargo. El encuentro con Clinton fue cordial y muy productivo y el concierto finalmente resultó un gran éxito.

En lo personal, uno de los momentos más significativo fue cuando me llamó a su oficina del Senado en Washington, para un encuentro privado. Fue un diálogo personal, profundo, donde no faltaron las carcajadas. La última vez que nos vimos, el pasado mayo, cuando me vio me preguntó cómo iban mis trabajos en resolución de conflictos y agregó: “Necesitamos personas como tú de estos tiempos”.

En estas y otras oportunidades pude experimentar de manera personal y directa la gran preparación de Hillary Clinton, su gran capacidad de escuchar, de retener información. Experimenté cuan magnética es su presencia, a pesar de que esta cualidad pocas veces transpira por los medios. Siempre me impresionó la capacidad de estudiar de manera profunda todos los temas. Recuerdo que una vez un miembro de su equipo me dijo que Clinton siempre se llevaba a casa los expedientes y los estudiaba minuciosamente durante la noche.

Por eso, por la experiencia directa que tuve con Clinton, aún si marginal, sé que ella será una gran presidenta y que es la líder ideal en un momento delicado para los Estados Unidos y para el mundo.

Tener a Clinton como presidenta de los Estados Unidos es también una buena noticia para Colombia.

De hecho, su elección garantizará la continuidad del apoyo de los Estados Unidos al acuerdo de paz y su implementación. Además, conociendo personalmente al presidente Uribe, quizá la administración de Clinton pueda también facilitar el dialogo político en el país y atenuar la polarización que hoy hay en Colombia.

Esa espero sea hoy la buena noticia del día.

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