Por: Juan Manuel Ospina

La crisis del egoísmo universal

El que siga creyendo que lo que hoy se vive en el mundo, no solo en Colombia, son ligeras perturbaciones temporales “que no afectan la seguridad del vuelo” mejor que se vayan abrochando los cinturones porque estamos entrando al ojo de un huracán.

Basta ver en acción incontenible a una naturaleza cada vez más desordenada, por obra del egoísmo e incuria humana o leer la escalofriante cifra que acaba de presentar OXFAM- ¡la riqueza del 1% de la población mundial es igual a la del “restante” 99% ¡ - para entender que se trata de palabras mayores.

Ambas situaciones tienen una causa económica común, la absoluta libertad económica imperante, que reinó en el siglo XIX cuando se buscó reducir al máximo la injerencia del Estado en la economía, restablecida desde la década de los setenta, al imponerse la visión neoliberal del proceso económico, en una repetición de la experiencia de hace cien años. Libertad para que puedan hacer y deshacer a su amaño quienes acumulen el poder económico suficiente, sin atender razones diferentes a sus propios intereses cortoplacistas de aumentar indefinidamente sus utilidades.

Esa situación hizo, como lo recuerda Piketty en su libro del capital en el siglo XXI, que se diera un proceso económico en el cual aumenta permanentemente la participación del capital en la producción y en el ingreso, que lleva a la concentración continuada de la propiedad y la producción que “produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias” que al decir de ese gran especulador y agudo analista de la economía. George Soros, permite concluir que el peor enemigo del capitalismo sea el capitalismo mismo.

La raíz del problema es según expresión del mismo Soros, el “fundamentalismo del mercado” propio del neoliberalismo, excluyente de la presencia del Estado con sus políticas de regulación y de tributación redistributiva del ingreso, circunscrito a privilegiar las inversiones de corto plazo – de rendimiento financiero inmediato, especulativas y que no atienden las necesidades de los sectores productivos generadores de riqueza tangible y de empleos – en donde funge de rey el sector financiero. Como lo planteó George Stiglitz en reciente entrevista, el sistema actual beneficia la especulación. Es el reino de la inversión especulativa en detrimento de la productiva.

Stiglitz complementa lo anterior al afirmar que “el error clave en los últimos quince años en América Latina fue no entender que había una burbuja en los precios de los bienes primarios que no duraría para siempre, lo cual hacía obligatorio diversificar las economías del área y eso no se hizo”. Anotaríamos que así como el error neoliberal (“de derecha”) fue privilegiar la especulación sobre la inversión productiva, con la creación de burbujas financieras, el de la izquierda populista del “socialismo del siglo XXI” fue el privilegiar la redistribución social de unas rentas producto de un boom de precios internacionales, sobre su inversión productiva.

Ambos olvidan algo fundamental y elemental: la capacidad de una economía finalmente reposa en la solidez de su base productiva garantizada de manera continuada, por fuera de los horizontes de corto plazo de especuladores y populistas, con la presencia de un Estado responsable con mirada estratégica y no coyuntural, pues financistas especuladores y populistas son ambos simples aprovechadores de coyunturas, de booms de precios, con sus posibilidades de ganancias inmediatas, de tipo financiero o político según el caso.

Para Piketty la salida de la encrucijada de una economía hiperconcentrada con ingresos igualmente concentrados, es el establecimiento de un “estado social de derecho fiscal”, donde la distribución de la riqueza producida por un sistema económico – productivo y financiero – hiperconcentrado, y valga la redundancia, sea tarea principal del Estado con un sistema tributario progresivo centrado en gravar una riqueza cada vez más concentrada por el proceso en curso. Para Colombia el punto es crítico, pues como bien lo dice la OCDE en su último informe, es el país con la mayor concentración del ingreso en la Organización a la par que es insignificante la redistribución, por la vía de la tributación de ese ingreso concentrado. Esa necesaria estructura tributaria, redistributiva y no meramente fiscalista, será posible solo si se libera a la política y por ende al Estado del control asfixiante ejercido hoy por el poder del dinero ¿Cómo? Con la financiación pública al 100% de la actividad política de los partidos, no solo de las campañas electorales ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? ¿Una constituyente en el postconflicto?
 

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