Por: Luis Fernando Montoya

La crisis en Millonarios

“El hombre se descubre cuando se mide contra un obstáculo”: Antoine de Saint-Exupéry.

 

El conjunto azul y blanco, fundado en 1946, con grandes reconocimientos a nivel nacional e internacional, por donde han pasado excelentes jugadores, pasa por un mal momento organizacional, acompañado de un mal momento deportivo. Acaba de ser eliminado de la Copa Águila y en la Liga tiene dificultades en su juego y en sus resultados. El miércoles, en partido adelantado contra Bucaramanga, no sólo volvió a perder sino que sus hinchas invadieron la cancha de El Campín.

Los equipos nunca se forman sin un propósito y nunca se originan esperando fracasar. Pero en realidad fracasan porque su organización no se ajusta a sus propósitos. Fracasan porque no han aprendido a regular su vida de equipo y, también, porque no estaban compuestos por la combinación adecuada de personas.

Luego de analizar la situación interna del club, su junta directiva, con el apoyo irrestricto de los jugadores, decidió dar continuidad al técnico actual, Rubén Israel, porque no es el único responsable del mal momento del equipo. Son culpables todos los componentes que hacen parte de la institución, por eso los cambios deben ser estructurales y no parciales.

Deportivamente, el equipo tiene con qué mejorar su juego, como lo ha hecho en varios partidos disputados. Hay futbolistas con experiencia en el fútbol y de buen pasado en otros equipos, para poder avanzar en la tabla de posiciones y, por qué no, clasificar entre los ocho mejores del torneo. Para ello es clave el trabajo mental en el equipo, con el fin de que vuelvan a tener convicción en sus capacidades, y si logran buenos resultados, se tomarán confianza y mejorará el entorno. Futbolísticamente, deben ser más ordenados tácticamente en el terreno de juego, más contundentes con el manejo del balón y eficaces en la definición.

Su gran afición los acompaña siempre, tanto en los momentos difíciles como en los momentos de gloria.

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