Por: Nicolás Uribe Rueda

La debilidad de las Farc

No hay que ser un genio para darse cuenta que, dentro de las 297 páginas del acuerdo con las Farc, son muchos los asuntos que no forman parte del núcleo de la negociación y, por ende, pueden ser objeto de modificaciones y precisiones.

Hasta donde puede verse, esto han venido haciendo los negociadores del Sí y el No con algún grado de éxito y, aparentemente, las Farc no están planteando inamovibles de fondo sobre estos asuntos. Precisiones sobre los temas rural y de drogas, así como los contenidos de reforma electoral, que no se meten directamente con la habilitación política de los miembros de las Farc, parecen no ser puntos de grandes discrepancias que pueden ajustarse sin mayor problema. En este aspecto pareciera, pues, que hay posibilidades serias de que se suscriba un nuevo acuerdo. 

Ahora bien, habrá que ver hasta dónde puede lograrse algún avance en aquellos temas que sí son la parte medular de la negociación: medidas efectivas de restricción de libertad; definición de elegibilidad política y su temporalidad; seguridad jurídica y bloque de constitucionalidad y, por último, sistema de justicia transicional. Lo deseable es que el resultado de la negociación en Bogotá sea asumido por el Gobierno como propio y que sobre esta base busque persuadir a las Farc de introducir cambios reales y de fondo en aquellos temas que, precisamente, fueron los que configuraron el hecho político de la votación del 2 de octubre. Es apenas obvio que en este proceso no puede pretenderse que se acepte todo lo que los opositores del acuerdo proponían ni que persistan intactos los temas más controversiales. Claramente, para lograr un nuevo acuerdo, que signifique un pacto político nacional, es necesario que las partes encuentren un camino viable, abandonando sus posiciones iniciales. Y, como hemos visto, alternativas hay, y bastantes, para lograr este propósito.

Y en este escenario es también claro que quienes tienen que ceder ahora son las Farc, que, al analizarlo con cuidado, resultan hoy siendo quienes más tienen que perder si el proceso se va al traste. Son, para usar un símil, el vendedor afanado que prefiere vender barato porque necesita la plata para pagar la universidad. Su inestable situación jurídica, la lista de sus integrantes en manos de los organismos de seguridad del Estado, su apego a las comodidades de la vida fuera del delito, el riesgo de deserción de sus bases, los cantos de sirena de una nueva ley de amnistía, el reconocimiento internacional, la exclusión de la lista de grupos terroristas y su inatajable voluntad de iniciar cuanto antes y sin restricciones la actividad proselitista que los tiene haciendo vigilias por la paz y opinando de lo divino y de lo humano hacen para ellos que la necesidad de alcanzar a un nuevo acuerdo sea inaplazable. Hasta los resultados de la reciente encuesta de Gallup, que sitúa a las Farc con una favorabilidad del 18 % entre los colombianos, por encima de los partidos políticos y del sistema judicial, presionan a las Farc para aceptar cambios y buscar fórmulas que conduzcan a un nuevo acuerdo. Curioso: la fortaleza de las Farc es su principal debilidad; en esta ocasión, para fortuna de Colombia.

@NicolasUribe

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