Por: Columnista invitado

La democracia después del plebiscito

La entrada en vigencia del acuerdo de paz con las Farc acarreará algunas reformas al funcionamiento de nuestra democracia. Con ellas se activarán varias disposiciones de la Constitución que habían permanecido dormidas durante años, se incentivará la participación de las organizaciones sociales y se le ofrecerán garantías al antiguo grupo guerrillero para que su partido político pueda ingresar al sistema con garantías de permanencia.

Por: Néstor Osuna Patiño

Sin embargo, esto no significa que estemos transitando hacia formas de democracia radical ni acrítica, ni que estemos debilitando las instituciones representativas que ya tenemos. Para la muestra este par de botones: no se disolverá ningún órgano constitucional, ni se sustituirá el sistema de controles y contrapesos existente (bueno o malo, pero conocido)  entre el gobierno y el congreso.

¿Qué va a cambiar? Varias cosas que, si salen bien, sin duda mejorarán la calidad del debate. Habrá un estatuto de la oposición (promesa constitucional hasta ahora incumplida, de la que se han dolido todos los partidos, desde el Polo hasta el Centro Democrático), se reformará el Consejo Nacional Electoral, que históricamente ha sido un rey de burlas frente a la financiación ilegal de las campañas políticas, se tomarán medidas vigorosas para la protección de las personas que se dediquen a la política, porque la vergüenza de lo que pasó hace años con la U. P. no debe repetirse jamás en este país, y se facilitará la creación de nuevos partidos políticos, con requisitos de permanencia menos drásticos que los vigentes.

El texto del acuerdo de paz propone también una distinción nítida entre dos tipos de actores de la vida política: los partidos políticos, por un lado, y las organizaciones sociales, por el otro. Les corresponderían estatutos diferenciados para que cada uno se concentre en los suyo: los primeros en la competencia electoral y en la dinámica gobierno/oposición, y las segundas en la reivindicación de sus intereses y la inclusión de temas en la agenda pública. A ese respecto cabe mencionar que como el capítulo de participación democrática en el acuerdo fue elaborado desde el año 2013, buena parte de su contenido y de su espíritu se refleja ya en la  ley 1751 de 2015, que reformó las reglas de los mecanismos de participación ciudadana. Esa ley, además de ensanchar los cauces de la participación para las organizaciones sociales, es una muestra de la buena fe del Estado ante las negociaciones, pues ha venido acunando en diversos instrumentos normativos lo que se venía conviniendo en la Habana, aún antes del acuerdo final.

También vendrán unas normas de favorabilidad para el partido que formen las exfarc, con la condición de que previamente hayan dejado las armas (exfarc: ¡qué emocionante ese neologismo!), en fin, ese partido tendrá personería jurídica por diez años sin tener someterse al rigor de mantener una votación superior al 3% en cada elección parlamentaria, gozará de financiación estatal, y se le garantizarán 10 escaños durante ocho años en el Congreso (5 Senadores y 5 Representantes, que equivalen al 3.8% de las dos cámaras) si su votación no le alcanza para obtener esa representación. Transcurrida esa etapa de transición se aplicarán las reglas ordinarias.

Por otra parte, durante ocho años se agregarán 16 curules en la Cámara de Representantes, para 16 circunscripciones especiales y transitorias, que se corresponderán con los territorios más afectados por el conflicto y el abandono. La idea es que los habitantes de estos lugares, o quienes hayan sido desplazados de ellos y estén en proceso de retorno, tengan representación parlamentaria en la etapa de transición.

En fin, se aprecia una apuesta por el pluralismo político, por una mayor inclusión y por el aseguramiento de garantías para quienes participan en el debate. Por supuesto que nada de esto es suficiente si no se aclimata un clima de tolerancia y de moderación en el debate, que ojalá lo asuma la sociedad después del plebiscito del 2 de octubre. Porque la casa se nos va a agrandar, no porque lleguen amigos, sino más bien, para que todos quepamos en ella sin volvernos a matar.

Profesor de derecho constitucional
Twitter: @osunanestor

 

 

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