Por: Daniel Pacheco

La derrota de Trump

Hillary Clinton, probablemente, ganará hoy las elecciones presidenciales en EE. UU.

Nate Silver, el mago de la estadística que dirige el portal www.fivethirtyeight.com, le da un 68 % de probabilidad a la victoria de Clinton, frente al 32 % para Donald Trump. Por otro lado, Geda, el llamado “rey de los profetas”, un macaco de la provincia de Hunan en China, enfrentado a dos figuras de cartulina con las caras de Trump y Hillary escogió la de Trump. Entre las credenciales de Geda, el “mono místico”, está haber adivinado que Portugal ganaría la Eurocopa. Entre las de Silver está haber predicho el ganador en los 50 estados en las elecciones presidenciales de 2012 y en 49 en las de 2008.

Entre el mico y Silver me quedo con Silver. Más allá de las credenciales del último, su predicción abre la puerta a la provocadora —aunque menos apocalíptica— pregunta de qué va a pasar en EE. UU. tras la derrota de Donald Trump.

El momento más esperado de la noche será el de la concesión. Como ha sido usual en esta campaña, y a pesar de ser la primera mujer elegida a la Casa Blanca, los ojos estarán en Trump y no en Hillary. Concesión y Trump, para empezar, son palabras difíciles de imaginar simultáneamente, en especial desde un podio con un micrófono y miles de personas que idolatran al multimillonario en el público. Además, Trump se ha negado a decir si aceptará o no los resultados de las elecciones… en caso de no ganar, por supuesto.

Si Trump se niega a conceder e insiste en que la derrota de Hillary es el producto de la corrupción de los medios, el fraude electoral propiciado por los votos de indocumentados y cualquier otra cosa que en ese momento se le ocurra, estaríamos presenciando un momento sin precedentes en la historia de ese país.

Expertos consultados sobre el tema sugieren que, si Trump no concede, probablemente, lo haría alguien del liderazgo republicano en el Congreso. El llamado a hacerlo sería Paul Ryan, el presidente de la Cámara y político electo de mayor rango en el partido. Ryan, que hoy está más preocupado por la posibilidad de que los republicanos pierdan su mayoría en el Senado (Silver le da un 46 % a esta posibilidad), sellaría entonces una pelea abierta e inédita en la historia reciente de la derecha gringa.

Porque la fractura ya está delineada. Ryan, que no es ningún moderado, ha oscilado entre el apoyo tibio a Trump, hasta, más recientemente, decir que iba a votar por Trump, pero no iba a hacer campaña por él. Exactamente, ¿qué significa eso? No está muy claro, más allá de mostrar que Trump dividió a la derecha entre un grupo de atónitos políticos profesionales y algunos votantes conservadores moderados y un sector popular recalcitrante de mayoría blanca y poco educada que se siente atacada por todo, incluidos los mexicanos, los musulmanes, los gais, la globalización, los liberales, lo políticamente correcto y los medios.

Las predicciones en este escenario van desde el surgimiento de milicias armadas, que se niegan a aceptar a Clinton, hasta la apertura de un nuevo canal de Trump TV, que le hará competencia a Fox News. Lo seguro es que tendremos circo para rato y que el momento crucial de estas elecciones sucedió hace meses, cuando Trump ganó la nominación republicana y se originó la gran fractura de la derecha sin la que Clinton —que no mereció comentario en esta columna— no habría podido llegar a la Casa Blanca.

@danielpacheco

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