Por: Augusto Trujillo Muñoz

La escuela del Tolima

Hoy hace 80 años, 5 de agosto de 1936, fue aprobada, como gran bandera de la “República liberal”, la reforma constitucional de 1936.

Su inspirador fue el presidente Alfonso López, quien convirtió al Congreso elegido en 1935, homogéneamente liberal, en cuerpo constituyente apto para modernizar el país desde el punto de vista institucional, político, económico y social. Durante los últimos 15 o 20 años, según el juicio del profesor Antonio García, Colombia había sido una especie de democracia monástica.

El promotor intelectual y político de la reforma en el Congreso y en los espacios de opinión fue el ministro de Gobierno Darío Echandía, quien luego ocupó también la primera magistratura del Estado. Echandía formuló una concepción solidarista, inédita en la historia del país.

Entre los miembros del partido de gobierno que asumieron activa defensa de la reforma sobresalen Carlos Lozano y Lozano, José Joaquín Caicedo Castilla, Alberto Camacho Angarita, Antonio Rocha Alvira, Rafael Parga Cortés, entre otros. Eran ellos destacados hombres de ideas pertenecientes al liberalismo, todos oriundos del Tolima y comprometidos con principios doctrinarios comunes.

Sin proponérselo conformaron una auténtica Escuela de pensamiento. Como la vieja Escuela de Alejandría, o la Escuela de Salamanca, o la Escuela de Frankfurt. Colombia debe sus momentos de mayor lucidez a una escuela de pensamiento: La “Escuela Republicana”, de mediados del siglo xix, dio vida al Olimpo Radical; la “Escuela del Tolima”, a la concepción social del Derecho y del Estado.

Esa fue la concepción que quedó plasmada en la reforma constitucional de 1936. López venía construyéndola desde 1929, animado por su convicción de que hay una “espontánea facilidad en la democracia colombiana para hacer revoluciones sin violencia, sin imposiciones, sin alterar la estabilidad republicana”. Así lo expresó en discurso de posesión, pronunciado el 7 de agosto de 1934.

Echandía, por su parte, construyó vasos comunicantes entre sensibilidad social y el sentido jurídico para formular sus propuestas constitucionales. En la exposición de motivos consigna que el derecho privado debe ejercerse como función social, y que esa es la última razón del proyecto que el gobierno somete a consideración del Congreso.

Por supuesto, hubo otros dirigentes liberales que pertenecieron también a aquel brillante equipo, de manera que, por extensión, pueden considerarse miembros de misma Escuela de pensamiento. En todo caso, el compromiso social de sus miembros, su planteamiento democrático, las mismas instituciones que diseñaron para modernizar el país, muestran que la Escuela del Tolima se anticipó a su tiempo.

En ella hunde su raíz la fórmula que mejor recoge el significado del pensamiento democrático que sirvió de inspiración a los Constituyentes de 1991: “Estado social de derecho y economía social de mercado”. Vale la pena preguntar si hoy sigue vigente.

*Exsenador, profesor universitario.

@inefable1

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