Por: Arturo Charria

La generación de la verdad

La refrendación del Acuerdo de Cartagena traerá grandes retos a distintos sectores sociales, entre esos, al educativo.

Si durante el proceso de negociación y del plebiscito hicimos un llamado para que estos temas se trabajaran en las aulas de clase, para que los estudiantes comprendieran la complejidad del proceso; ahora el reto no solo es pensar lo que implicó la negociación entre el Gobierno y las FARC, sino a hacer seguimiento a la implementación, de manera que los estudiantes comprendan que una cosa es firmar el acuerdo y otra muy distinta es construir paz.

Entre los múltiples elementos a tener en cuenta durante la implementación, hay uno que nos permitirá pensar en la primera “generación de la verdad”: la manera en que el sistema educativo asumirá la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Comisión de la Verdad (CV). El éxito de que esta “generación”, que estando en el colegio tendrá la oportunidad de estudiar la evolución de dichos mecanismos, dependerá, en gran medida, de las políticas que tome el Ministerio de Educación Nacional (MEN) al respecto. Esto implica pasar de las buenas intenciones de la llamada Cátedra de la paz, a una mirada real sobre los retos que tienen los planteles educativos, cuando intentan hablar de temas como el proceso de paz, la memoria histórica y el conflicto armado.

Si bien el Centro Nacional de Memoria Histórica ha hecho un aporte fundamental para llevar la memoria a las aulas a través de su Caja de Herramientas, este esfuerzo no llena el vacío que, hasta el momento, no ha querido asumir el MEN. Por eso es urgente que se piense en las rutas que deberán seguir las instituciones educativas para trabajar en sus aulas la “verdad” que comience a surgir como parte de la CV y la JEP.

Colombia no es el primer país que se enfrenta a esta situación. Hay ejemplos interesantes que debemos tener en cuenta para pensar nuestra propia ruta. Por ejemplo, en La Haya y en Argentina, se diseñaron programas que llevaron a los jóvenes de los últimos grados a los juicios por graves violaciones a los derechos humanos. Estas visitas hacían parte de un programa que incluye materiales previos para trabajar en el aula, una metodología para analizar los juicios y un trabajo posterior al regresar a los colegios.

Otro caso que es importante tener en cuenta es el de Perú. Su Comisión de Verdad y Reconciliación, que finalizó en 2003, estableció que el sistema educativo no solo debía reformarse en términos de cobertura y calidad, sino que también debían darse reformas curriculares en la promoción de derechos humanos y la incorporación del resultado del Informe final como parte de la enseñanza en la escuela. Sin embargo, a más de diez años de finalizada la Comisión, los libros y los currículos siguen sin incorporar estos contenidos por considerarlos “polémicos y debatibles”.

En Colombia debemos ir un paso más allá y pensar herramientas pedagógicas que le permitan a la escuela ser protagonista durante la JEP y la CV, y no solo después de esta. De lo contrario, el MEN seguirá promoviendo un relato que no genere problemas, ni ponga en tela de juicio la relación entre la violencia y el establecimiento, pues ese relato será polémico porque mostraría una disputa histórica por las responsabildiades en el conflicto y la cómoda “Historia oficial”. Si no logramos este giro, en lugar de tener una “generación de la verdad” tendremos una que seguirá haciendo izadas de bandera en conmemoración de la Batalla de Boyacá y confundiendo a Gaitán con Galán.

* Esta columna surge del diálogo con la Fundación Compartir, quien ha venido pensando un proyecto piloto que buscará construir herramientas pedagógicas para que los colegios aborden la CV y la JEP. Para esto ha dialogodo con expertos nacionales e internacionales. Incluso entre sus asesores estaría  Barry Van Driel, quien diseñó la metodología que hizo posible que los jóvenes en La Haya asistieran a los juicios contra Milosevic (juzgado por violaciones al DIH durante la llamada guerra de los Balcanes).

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