Por: Julio Carrizosa Umaña

La guerra sigue en Bogotá

Aunque hay muchos bogotanos que insisten en que nunca hubo guerra, la verdad es que la guerra se inició en Bogotá el 9 de abril y sigue aquí viva.

Colea aquí la guerra en las mentes y en las palabras de quienes la niegan y de quienes desean reiniciar las acciones. Está también caliente en las respuestas de los que contestaron a los encuestadores de Bogotá como Vamos que “no están de acuerdo” en tener cerca, ni en su vivienda, ni en su trabajo, a un desmovilizado.

Jon Lee Anderson, periodista importante de The New Yorker, dice que el mundo no entiende por qué una parte de la sociedad colombiana no “quiere recibir” a las Farc y dice que cree que esto obedece a “una condición de miedo” en la sociedad colombiana que “es casi como si prefirieran que se quedaran” en el monte.

Anderson tal vez no sabe que esa posición no es nueva, que ha sido constante en varias ciudades colombianas, sobre todo en la gente que vive en el altiplano, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, lejísimos de los dos océanos, de las selvas y del desierto que conforman parte de nuestros límites. Creo que el país ya está acostumbrado a que los que nacimos aquí y los que se adaptan demasiado rápido no siempre tenemos una visión clara de lo que es o de lo que pasa en el resto del país. Tampoco es probable que Anderson sepa que a lo largo de estos setenta años de guerra ha sido en Bogotá en donde se han generado decisiones que han prolongado la guerra.

Me refiero, por ejemplo, a las decisiones que se tomaron a fines del primer gobierno del Frente Nacional, cuando la baja de los precios internacionales del café condujo a la eliminación del presupuesto de los programas de rehabilitación de los guerrilleros, entre los cuales estaba nada menos que Tirofijo, y a los discursos pronunciados en el Congreso sobre las “Repúblicas Independientes” en 1960, originados en una antigua controversia entre laureanistas y ospinistas; discursos que al fin y al cabo justificaron el bombardeo de Marquetalia.

La situación actual en Bogotá tiene algunas de las características que condujeron al reinicio de la guerra en 1964. Los miedos, los odios, las exageraciones, las minimizaciones, las mentiras, los insultos, son semejantes a los que recordamos los viejos sobrevivientes de esa época, pero hoy no son solo los periódicos los que cometen esos errores, son también las personas las que consciente o inconscientemente se convierten, en las redes sociales, en promotores de una próxima guerra.

Miembro de La Paz Querida

 

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