Por: Mauricio Jaramillo Jassir

La guía espiritual de la presidenta coreana

El régimen surcoreano pasa por uno de los momentos más desfavorables de las últimas décadas, en una compleja crisis política que marcará negativamente el año que resta de la presidenta nacionalista Park Geun-hye.

Existirían serios indicios de que una guía espiritual, Choi Soon-sil, habría aprovechado la cercanía con la mandataria para el supuesto desvío de fondos hacia organizaciones sociales de su propiedad, apoderándose de unos US$70 millones y, lo que puede ser más crítico, tener acceso a documentos clasificados.

Se trata, valga aclarar, de alguien que no figura como funcionaria pública, por lo que la presidenta no ha sido capaz de explicar el enorme poder que llegó a detentar. En los últimos días, miles de surcoreanos se han manifestado en las calles para exigir la renuncia de la jefa de Estado, quien respondió anunciando la salida de varios miembros de su gabinete. Choi, de 60 años, apareció para comparecer ante la justicia sentenciando de manera contundente: “Cometí un delito por el que merezco morir”.

La presidenta Park ha explicado que Choi la aconsejaba sobre el contenido de algunos discursos, y pidió disculpas por el hecho. Pero allí no termina todo. Los medios han añadido a las denuncias que la hija de Choi habría ingresado a la prestigiosa Universidad Ewha sin haber demostrado habilidades y por presiones ejercidas desde la Presidencia. La máxima autoridad del centro académico renunció a raíz de la controversia.

¿De dónde provendría semejante confianza de la presidenta Park en Choi? Los padres de ambas eran muy cercanos. Park Chung-hee, entonces dictador, perdió a su esposa en un atentado, y Choi Tae-min le aseguró que podía comunicarse con ella a través suyo. De allí surgió un vínculo espiritual, transmitido a las hijas. A Park le resta un año de mandato, hasta las elecciones de 2017, pero aún no se tiene certeza de cómo podrá recuperar una gobernabilidad mínima que le permita llegar hasta esa fecha.

El caso deja lecciones acerca del poder paralelo que pueden acumular asesores detrás del poder, que sin ningún compromiso político, ni responsabilidad alguna para la rendición de cuentas, terminan por definir temas claves en la agenda de un gobierno. Desde el movimiento prodemocrático de los 80, Corea no vivía un momento de tanta volatilidad. La gran diferencia es que en ese entonces las protestas eran severamente reprimidas. Como testimonio queda la masacre de Gwangju, que en mayo de 1980 dejó un saldo de unos 150 muertos, aunque la cifra aún es objeto de polémica. La crisis de liderazgo sigue golpeando a los estados y deja un vacío normalmente capitalizado por nacionalismos muy nocivos en sociedades donde se ha perdido la confianza en la democracia.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Jaramillo Jassir

Obamacare, otra derrota para Trump

El laberinto de Lenín Moreno

¿Sirve la presión exterior a Venezuela?

Venezuela y la muerte lenta de la OEA

El desplome de Brasil