Por: Santiago Montenegro

La libertad y sus enemigos

El auge del populismo en todo el mundo ha sido la consecuencia, no sólo del fracaso de regímenes políticos de muy variada orientación, sino, ante todo, de las ideas que los sustentan.

Partidos de centroizquierda, como los socialdemócratas, o de centroderecha, como los demócratas cristianos, creadores del Estado del bienestar en Europa, no saben qué hacer en un mundo en el que una parte del poder real ya no está dentro de los límites de los Estados-nación, en el que la prensa escrita y la televisión perdieron el monopolio de la información y de la opinión, en el que las redes sociales adquirieron prevalencia y en el que la modernidad es ahora “líquida”, como la definió Zygmunt Bauman. Pero también, es imperativo reconocerlo, han fallado como administradores, gestores y proveedores de una variedad de servicios sociales.

Por esta orfandad generalizada de ideas, son muy estimulantes los vientos conceptuales que vienen del sur del continente, plasmados en el libro del chileno Mauricio Rojas, La libertad y sus enemigos (Uqbar, 2016). O que vienen del norte, porque Rojas es también ciudadano sueco, país en el que reside y en el que fue miembro de su Parlamento. Desde una perspectiva liberal, su autor plantea, en una mirada larga, los grandes conflictos históricos de las ideas que han promovido un orden social basado en la libertad de las personas y aquellas que, en nombre de intereses o utopías de corte colectivista, han estado dispuestas a sacrificarla. Pero también discute, en una mirada corta, el presente y los desafíos concretos de Chile y, por lo tanto, es muy útil para un país como Colombia.

Por ejemplo, Rojas aboga por un “liberalismo asociativo”, en el que argumenta que no existe ninguna contraposición necesaria entre el individuo y el Estado, y que uno de los grandes peligros de la modernidad ha sido la atomización del individuo. Por lo tanto, plantea que no puede haber libertad individual sin la solidaridad de las personas en torno a las organizaciones y entidades de la sociedad civil, la cual debe, además, asumir importantes funciones en la sociedad en su conjunto.

Para ilustrar estas ideas con ejemplos concretos, muestra la revolución del Estado en Suecia, país paradigmático del llamado Estado del bienestar. Combinando la moderación fiscal y una amplia cooperación público-privada, el Estado sueco fue reformado en las últimas décadas desde su cimientos, bajo principios que dieron a los ciudadanos la responsabilidad directa para la conformación de la oferta de servicios públicos, mediante un sistema de bonos de bienestar transferidos desde el Estado. Dicha libertad de elección exigió, por su parte, la creación de un amplio pluralismo de proveedores, compitiendo entre sí en igualdad de condiciones y separando la gestión y administración de ciertos servicios y prestaciones sociales de la responsabilidad por el acceso universal e igualitario y de la regulación y la supervisión, que siguen estando en manos del Estado.

Bajo esta nueva concepción, Suecia lidera hoy el desarrollo europeo, con altas tasas de crecimiento, estabilidad fiscal y extraordinarios logros en política social.

Los retos que enfrentan los países de América Latina no son necesariamente los mismos que los de los países del norte de Europa. Pero debemos defender la globalización, especialmente la de las nuevas políticas públicas que han sido exitosas y probadas, como las que ilustra Mauricio Rojas en este magnífico libro.

 

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