Por: Laura Juliana Muñoz

La metamorfosis moderna

Al igual que Gregorio Samsa en La metamorfosis de Kafka, Jorge se despertó un día siendo un bicho raro. O con bichos raros por todos lados. El primer día de su declive sus pies habían crecido cuatro tallas sin ninguna explicación.

Pero esta no es una novela de fantasía. Al contrario: su realismo está trabajado con pinzas. Se nos detalla con qué pie se levantó, qué calle cruzó primero y qué bus tomó luego. En los diálogos identificamos el mal chiste del compañero de trabajo, la queja del padre que se resiste a vivir en un hogar de retiro, el mandamiento de una selfi pa’l feis.

Declive (Literatura Random House), de Antonio García Ángel, es una postal moderna de la ciudad. El escritor nos hace un retrato hablado de personajes como el vendedor de Transmilenio que repite “amilamilamil, amilamilamil, amilamilamil” o pone a sonar el coro de Cuadrapicha (o la Zona Rosa del sur, un lugar poco explorado en las novelas bogotanas): “Siga, musiquita crosóver, cerveza milquinientos, entre sin compromiso, tenemos chou de estraiper, le ofrezco un coctel de bienvenida, salsita de la clásica, de la nueva, el rastastás acá en guaguancó”.

Es como si hubiera representado por su cuenta cada una de las cosas que hace su protagonista y así podernos dar un informe detallado de su rutina o de la mujer que le gusta: “tenía esa belleza que no era inmediata, que a partir de ciertos ángulos, expresiones y posturas se iba desgranando lentamente (…) una muchacha de belleza ensimismada, una belleza como de imaginarla descalza sobre la hierba”.

Declive es una parábola de la clase media colombiana con unas “ventanas” de escape hacia el absurdo. Estas licencias se las toma el autor cuando sus personajes ven en la televisión películas hilarantes de hamburguesas que convierten en zombis a la gente o cuando bailan reguetones que García mismo inventó. Son momentos de humor que no nos abandonan totalmente al suspenso del que goza la narración.

En la literatura siempre me han resultado atractivas las historias que parten de una vida monótona, del perdedor y de la inevitable fatalidad y luego nos enganchan con un suceso inesperado, un elemento irreconocible en una escena que creíamos haber visto antes. Tenemos entonces a Jorge, el mediocre trabajador de un call center, y luego tenemos sus pies grandes, las hormigas que le salen por las orejas y que nos incomodan doquiera estemos leyendo.

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