Por: Gonzalo Silva Rivas

La muralla china

Ciento veinte millones de turistas chinos cargan maletas recorriendo el mundo en viajes de placer o de negocios, pero son pocos los que toman avión con destino a Latinoamérica.

Desde 2011, el gigante asiático asumió como la primera potencia emisora global y la lluvia de dólares que deja en su camino refresca muchas arcas oficiales. Sus vecinos más cercanos -Hong Kong, Taiwán y Macao-, junto con algunos europeos y del sudeste asiático, son los principales beneficiarios. El año pasado sus economías se alimentaron con la mayor tajada de los US$215 mil millones gastados por sus viajeros.

Aunque América Latina está lejos de sus intereses turísticos, la presencia del dragón asiático en la región resulta cada vez más vigorosa y dibuja un escenario positivo para sacarle réditos al sector. Además de ser privilegiado socio inversionista de algunas naciones, desarrolla una febril actividad diplomática para dinamizar relaciones comerciales.

El país más poblado del mundo -cerca de 1.400 millones de habitantes- ocupa un modesto lugar entre los mercados turísticos emisores de la región. Por ahora, sus turistas apenas sobrepasan los tres centenares. México se lleva la tercera parte de la torta; Brasil, algo más de 60 mil visitantes; y Venezuela y Argentina, la mitad de este último. En los demás, la mayoría de chinos que se pasean por sus calles andan en busca de aventuras económicas. Colombia recibe algo más de diez mil turistas, en contraste con el considerable repunte de las relaciones bilaterales durante la última década. China pasó a ser el segundo socio comercial detrás de Estados Unidos, con transacciones superiores a los US$16 mil millones.

La estabilidad y maduración de dichas relaciones le corresponderá liderarlas al recién posesionado embajador en Beijing, Óscar Rueda García, quien asumió el cargo la semana pasada y tiene al frente la tarea de empujarlas hacia más altos niveles. El incremento comercial y el impulso al turismo, favorecidos por los esperanzadores sucesos que potencian el anunciado acuerdo de paz, podrían marcar la futura arquitectura de un intercambio más intenso y ambicioso.

Rueda García es amplio conocedor de la industria turística. Como Viceministro del sector durante más de un quinquenio, presidente de los agentes de viajes por dos largos períodos y máximo vocero de la Federación Universal de Asociaciones de Agencias de Viajes, domina el tema y reúne condiciones de dirigente curtido y de hábil ejecutor para construir alianzas que estrechen lazos y propicien atractivos espacios en estos asuntos.

El auge de los viajes chinos –una modalidad inexistente hace quince años por el aislamiento exterior de ese país- refleja un nuevo orden en la dinámica global del sector. No responde a un repentino y pasajero boom sino a una tendencia estructural que seguirá en crecimiento, aún ante el hipotético escenario de una prolongada recesión económica. Su fuerza arrolladora impulsa el engranaje asiático y lo encamina hacia el propósito de saltar sobre Europa para convertirse en el primer continente turístico del planeta.   

La Alianza del Pacífico, desde donde se apalanca la traída de  turistas orientales; los buenos oficios de la embajada para superar el notable desconocimiento que se tiene sobre nuestro país y abrir puertas entre los turoperadores locales, junto a las acciones del Gobierno -como el reciente paso dado con la facilitación de visados para que los ciudadanos chinos ingresen con visa Schengen o estadounidense- son tres frentes complementarios para elevar los porcentajes de un mercado caracterizado por su alto nivel de gasto -propio de una sociedad emergente donde los viajes al exterior tienen una particular motivación de prestigio- y que está dispuesto a conocer exóticos destinos como los que se ofrecen en las antípodas. 

El gran reto, sin embargo, se centra en los esfuerzos del Gobierno por extender la conectividad aérea para acercarnos a este imparable surtidor turístico y en su capacidad para modernizar y adaptar infraestructura y servicios a los requerimientos de una corriente rigurosamente exigente y cosmopolita. La importancia y el peso económico del colectivo asiático suponen una excelente oportunidad para derribar –literalmente- esa gran muralla china que nos separa de un mercado para nada desdeñable.      

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@Gsilvar5

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