¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 1 hora
Por: Columna del lector

“La noche de los cristales rotos”

Durante las últimas semanas, estallaron. Se rompieron los cristales y de qué modo.

Por Fernando Alberto Carrillo Vírguez

Caterine Ibarguen, Óscar Figueroa, Mariana Pajón y cada medallista olímpico nos hicieron vibrar de corazón; toda una nación saltó con ellos de alegría y cada cristal del país con certeza pudo haberse estremecido hasta volar por los aires y batir récords en distancia, en velocidad y en peso. Pasión, emoción, ilusión inenarrable cada vez que el tricolor nacional ascendía desde el podio hasta rosar los cielos cariocas.

Sucumbieron también los “cristales” con el feroz juicio que el denostado Congreso le hizo a Gina Parody, quien, a mi modo de ver, “dio papaya” suficiente para “ser llevada a la hoguera” y ver cómo los espejos de su pasado y presente se fundían ante el fuego que al fin y a la postre quizá no los derritieron, sino los acrisolaron. Pero lo cierto es que una redacción impertinente y una “agresiva” e improvisada con certeza, intención de hondear con envanecimientos de heroína la bandera de la “no discriminación”, les pasaron enérgica factura a los cristales no sólo de sus llamativos anteojos.

Otros cristales que sucumbieron a las llamas fueron los de la “impenetrable” urna en la que se hallaban personajes nada admirados de la convulsionada y emponzoñada realidad burócrata, política y judicial del país. Fue así como recientemente vimos a la satirizada y encopetada Natalia Springer rindiendo cuentas ante “el mismo” ente que la ovacionó sin empacho alguno, dentro de una merecida investigación que, todo indica, avanza firme.

Escenario similar y en medio de un escarnio público sin precedentes, el exmagistrado Pretelt y su pomposo defensor vieron cómo el blindaje de los vidrios de su carruaje principesco en la tan cuestionada Corte Constitucional se reventaron hiriendo de muerte el orgullo de una dignidad y una soberbia y maltratada investidura que ya no existe.

Cristales rotos volaron por doquier.

También otros explotaron lacerándonos a todos el rostro. Esos que el ruin capo Pablo Emilio Escobar Gaviria hizo detonar con cada atentado infame al pueblo inerme. Y de aquel abominable episodio de Colombia, nos hizo acordar efectivamente la serie Bloque de búsqueda”, que con el desarrollo de su historia y sus esporádicas imágenes de archivo sin editar nos han devuelto a la memoria recuerdos nefastos de aquella mácula endiablada de la historia nacional. Aquel aciago capítulo en el que de El Espectador salieron disparados miles de cristales que se incrustaron en la piel de todo un país que absorto era testigo de las insondables canalladas a las que podía llegar un energúmeno mafioso en contubernio con las más oscuras fuerzas de un Estado sumiso.

Y, recientemente, las lágrimas hechas cristales de un puñado de esperanzados compatriotas se fraguaron con la firma del supuesto acuerdo final con una guerrilla fratricida que inundó de sangre y muerte toda una nación durante medio siglo y más.

Cristalizada también cedió la forja y la adarga de quienes desde diversas orillas no han cesado de torpedear o anhelar ver naufragar los intentos infinitamente en entre dicho de parte del Gobierno por llevar a buen término el desgarrado proceso de paz con las Farc.

Falsas lágrimas para muchos de un acuerdo que lo que arroja, desata y despide son cortapunzantes e hirientes cristales a la democracia y estabilidad del país. Posturas manifiesta y candentemente contrapuestas y viscerales a las que solo el tiempo y un determinado plazo darán la razón a una u otra de sus mollejas.

En lo personal, quisiera creer por ahora, aun cuando no sea nada fácil, que los letales cristales desencadenados producto de los cobardes ataques de la guerrilla van a cesar y que la muerte cruenta va a ausentarse por un largo tiempo de esta demacrada y a su vez hermosa tierra.

 

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