Por: Antieditorial

La noticia mentirosa

Hace referencia El Espectador al incidente de la periodista Arcila en Oslo y, en medio de sus reflexiones y crítica general al periodismo, afirma: “Así, el cubrimiento se reduce a titulares con frases incendiarias y triunfan quienes saben pescar en el río revuelto del populismo a punta de mentiras”. Sin embargo, y sin sonrojarse, titula su editorial: “Nobel comprado y la posverdad”.

Por Karen Liliana Laverde

Se suma este diario a continuar difundiendo el mensaje que se quiso enviar a los colombianos desde la oposición en el sentido de sabotear el premio Nobel del presidente Santos insinuando que lo compró con unos pozos de petróleo. La periodista, parece, utilizó la sucia estrategia de poner a manera de pregunta una acusación para así evitarse incurrir en la calumnia.

No es que los medios no hayan entendido cómo ejercer el periodismo en un país que por lo general no lee y come cuento, sino que, por el contrario, lo conoce tan bien que ya utiliza a los incautos para transmitir mensajes falsos y de esta manera proteger los intereses de sus semejantes políticos o empleadores.

A lo anterior se suma que algunos comunicadores también se han dado cuenta de lo fácil que resulta publicar en las redes sociales cualquier media verdad, o incluso mentiras, para que tan sólo en instantes se genere una ola de indignación y respuestas de sus seguidores, llenas de odio y suspicacia.

No falta el que anuncia en su perfil trabajar para algún un medio de comunicación y acto seguido anuncia que sus opiniones no comprometen la empresa u organismo para el que trabaja. Para esa gracia, señores periodistas, no digan nada, porque nosotros, quienes los leemos y escuchamos, no podemos separar sus opiniones personales de lo que les obligan a decir sus jefes. Por esta razón creemos que la bochornosa pregunta de la joven Arcila al presidente no fue más que un mandado.

Es hora de entender que en Colombia la gente se deslumbra por los que salen en televisión o hablan en la radio, razón por la cual los periodistas se convierten en un importante referente. Pero lo que vemos en algunos es un aprovechamiento de esta posición en la que han logrado incluso una especie de lavado de cerebro.

Los políticos, por su parte, también notaron que su mejor campaña es la de anunciar necedades, porque ya saben que les van a saltar los micrófonos de todos los medios y así lograrán su cometido de hacerse campaña gratis. Algo así como lo que ocurrió con la supuesta ideología de género cuando se votó el plebiscito.

Sin embargo, recientemente he visto a varios periodistas sensatos, que aún quedan, emitiendo autocrítica. Eso está bien, porque, de seguir así, se van a convertir en el gremio más despotricado de Colombia, pasando por encima incluso de los abogados. De otro lado, también vemos bastante solidaridad entre colegas, sobre todo entre aquellos que comparten la misma ideología. 

@laverde1976

 

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