Por: Indalecio Dangond B.

La nueva alianza

A buena hora los gremios de la producción agropecuaria y el Gobierno Nacional han iniciado un trabajo conjunto para ajustar la política pública, la institucionalidad y los instrumentos de ayuda que requiere el sector agrario para enfrentar los retos de la internacionalización de la economía.

Fue muy valioso e innovador el trabajo realizado en varios talleres regionales, en términos de reunir a empresarios del agro y a sus organizaciones, industriales, exportadores, organismos académicos y empresas de servicios ligadas a la producción de alimentos, para evaluar y definir las políticas sectoriales que requiere el agro colombiano a mediano plazo y aportar soluciones que resuelvan de verdad los problemas coyunturales del sector.

Esta nueva Alianza Pública-Gremial, conformada entre la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR),  permitirá fortalecer la agricultura empresarial. Con 16 Tratados de Libre Comercio, hemos visto que las cosas han cambiado. En nuestro mercado local, hoy actúan empresas de mayor tamaño, otros competidores entraron en escena mejorando los productos y cada día aparecen suministradores de países en los que hasta hace poco ni siquiera habíamos pensado. También toca ajustar las estrategias para poder situar nuestros productos de manera competitiva en cualquier parte del mundo donde exista demanda potencial.

La liberación de sectores y mercados -como posicionamiento político coincidente en casi todos los países del mundo-, no hace sino introducir más competencia ampliando a la vez las opciones de elección de clientes y consumidores. Por ello, uno de los grandes retos de esta gran alianza (SAC/MADR), es lograr aumentar vertiginosamente la capacidad de innovación agro-empresarial, apoyada en el desarrollo tecnológico que se convierte en un factor clave para la competitividad del sector agrícola y pecuario. Quienes más y mejor inviertan en este terreno, tendrán mayores posibilidades de ocupar mejores espacios en los mercados mundiales.

Para que lo anterior avance, es necesario que la actual institucionalidad y normatividad que promueve y regula al sector agropecuario, se modernice. Es urgente por ejemplo, que el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, recupere el liderazgo en el manejo de las políticas de precios, aranceles, ciencia y tecnología, emprendimiento rural, manejo del recurso hídrico, vías rurales y sostenibilidad ambiental. Los Comité consultivos que orientan estas políticas hoy, se encuentran dispersos en otros ministerios e integrados por personas con pocos conocimientos en el sector agropecuario.

También es urgente adaptar nuestra legislación del sector agropecuario a las actuales condiciones económicas y sociales del país. La mayoría de las leyes creadas entre 1990 y 1994 (16/90, 69/93, 101/93, 160/94), quedaron obsoletas y limitan el crecimiento y la competitividad de las empresas del sector agrario. Las respuestas ya no se encuentran en la historia y la repetición del pasado solo conduce al fracaso. Como dijo alguien, “Lo que no sirve, que no estorbe”.

En últimas, creo que todos compartimos el deseo por el mejoramiento del sector agrícola en Colombia y queremos contribuir a ello. Bienvenida esta nueva alianza de acompañamiento y cooperación con el sector privado. El sector público, además de ampliar las posibilidades de formación, información y financiación del sector agro-empresarial, debería compartir sus riesgos. Es la única manera de enfrentar los retos de la globalización.

Twitter: @indadangond

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