Por: Don Popo

La paz, con el rabo entre las piernas

Es preocupante. Se firmó el Acuerdo de Paz sin júbilo, sin bombo ni platillos; de la Heroica al Colón, de guayaberas blancas a trajes de corte italiano, sin bromitas de aviones…

El proceso se aguó, después de seis años se quemó en la puerta del horno; tanta adrenalina que el sistema linfático está deprimido. La gente, agotada frente al espejo, se mete dos cachetaditas, sacude la cabeza y dice: “¡Reacciona, pendejo!”. Se burla de sí mismo por esa ideíta del “suprayó colectivo”, desinfla el pecho, encorva la espalda, frunce el ceño y exhala: “Esto es lo que hay… Ahí vamos de nuevo”.

Y en su proceso de resiliencia y autoprotección no vuelve a mencionar la palabra paz, porque duele, incomoda, avergüenza. Y los del bulbo a refugiarse en el fútbol (que, a propósito, los hinchas del América, como las brujas, nadie sabía quiénes eran, pero de que los había, los había. Una sorpresa, como los del No); los medios de comunicación tradicionales que habían apoyado la paz, vuelven a la trinchera, derecha; los inversionistas extranjeros a mirar pa’ Chile; los que vivimos de la paz, la educación, los derechos humanos, a buscar jornal como sea en lo que sea.

Y los políticos de derecha, más validados con el fenómeno Trump —el odio, el terror y la imprudencia es lo que vende en las urnas—, más deslenguados que nunca: Uribe insinuando a las madres de los falsos positivos que sus hijos se merecían lo que les hicieron: “… seguro no andaban recogiendo café…”; y sin vergüenza, al estilo Pablo Escobar, señalando personas con el dedo de la muerte: “…ese es un enemigo de los paramilitares”, y Ordóñez publicando en sus redes: “Si Timochenko no cumple con desarme, ¡lo vamos a hacer cumplir!” (¡qué susto me da hasta transcribiéndolo!).

Los violentos extremos, inspirados con la victoria del No, convencidos de que su intolerancia es razonable, justa y aceptada, que su derecho al odio estará siendo vulnerado por la refrendación de los acuerdos a la fuerza en el Congreso, y con el nuevo eslogan del uribismo: “Nos están haciendo conejo”, se sienten validados; y con la bendición del Altísimo han iniciado las cruzadas hacia las Farc y todo lo que huela a izquierda.

Las Farc, cual perro canequero, ven a Fidel en el cajón con desdén, pues él vino a Colombia en los años 50 a aprender, volvió a Cuba, montó su grupo guerrillero, derrocó el poder de turno, cambió el sistema, llevó su nación a los mejores lugares de salud y educación en el mundo, enfrentando bloqueos, rayos y centellas del imperio gringo y sus opositores, y no lo pudieron matar, y vio cosechar sus ideas en el mundo hasta su último suspiro. Y ahora está sentado a la derecha de Dios padre, con su sudadera Adidas. Al contrario, ellos, pegando con babas un acuerdo que les dé sobras para vivir y los incluya en el sistema con el que no pudieron...

Las personas que votaron por el No, que han declarado no ser uribistas ni ordeñadas, que no son violentas, que no quieren más guerra, masacres, asesinatos, violaciones, secuestros, que votaron No porque querían un mejor acuerdo —que ahora tienen—, llevan una gran responsabilidad, votar diferente en las próximas elecciones, y garantizar la seguridad y protección de las Farc para que no se repita el holocausto de la UP, pues tendrán la conciencia manchada cual perros arrepentidos.

Y nosotros, aún con el hocico partido y la mirada torcida, debemos seguir aullando por la paz, pues si ese acuerdo llega seco de saliva al 2018 y ganan los promotores de la guerra, de seguro lo despegarán y, ahí sí, que nos lleve Fidel...

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