Por: Julio Carrizosa Umaña

La paz, a pesar de todo

En Manizales, la primera semana de noviembre del 2016 fue pacífica.

A ese filo urbano de la cordillera Central llegaron cientos de viejos y jóvenes investigadores de los territorios y el ambiente iberoamericano, 401 ponencias fueron presentadas durante cuatro días en los auditorios de la U. Nacional, la U. de Caldas y la U. Autónoma de Manizales.

Las conferencias elaboradas por nuestros hermanos de la Patria Grande analizaban como los territorios urbanos y rurales se han manejado durante estos años de ensayos y fracasos. Las ponencias colombianas, la mayoría elaboradas por grupos de jóvenes, hablaban de lo que podría ser el país si aprendemos de todas estas experiencias y si nos damos cuenta de las complejidades del territorio y de las simplicidades de nuestras sociedades.

Fueron impresionantes la seguridad de estos jóvenes, su convicción de que ya estamos en paz, su entusiasmo como constructores y su sapiencia; la profundidad de su pensamiento, su insistencia en llegar hasta las raíces, todo esto no es común en la juventud, pero se explica en nuestros jóvenes forjados en medio de tragedias y dificultades. El optimismo de los jóvenes colombianos no es ingenuo, surge de la realidad que han presenciado y de las historias de persistencia que les han contado, es un optimismo ilustrado y es también una decisión: la de no dejarse engañar por los dogmáticos, la de ir hasta lo más profundo y ampliar su pensamiento.

No es mucho lo que nos une a esta juventud aparte del territorio en que vivimos y de las historias que debemos relatarles. Caminando por la Plaza de Bolívar de Manizales, viendo los ancianos que allí gozan de sus últimos días, contemplando la mole neogótica inesperada, oyendo los avemarías sin fin que ruegan por la paz, escudriñando como ese Libertador increíble se convierte en un cóndor, reflexiono acerca de las responsabilidades que tenemos todos los ancianos colombianos y me doy cuenta de que, a pesar de todo, el país nacional, ese que no votó, ha decidido ya dejar las armas y que lo que nos toca ahora, más que escribir los detalles de los acuerdos, es seguir el ejemplo de esos 130 guerrilleros que en Vigía del Fuerte la semana pasada recibieron a 400 vecinos y los invitaron a comer mientras les contaban sus experiencias y oían lo que ellos pensaban. Es en esas cenas en donde se construye la paz.

 

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