Por: Jorge Eduardo Espinosa

La portada Uribe Noguera

¿Se equivocó Revista Semana poniendo en portada a Francisco Uribe Noguera, hermano del confeso asesino de la niña Yuliana Samboní?

¿Es problemática la decisión editorial de elegir una foto de Francisco Uribe en la que su expresión y su rostro dejan ver sufrimiento y dolor? Que la portada sea de la familia Uribe Noguera y no de la familia Samboní, ¿es rodear a la familia del victimario y no a la familia de la víctima? Toda estas son preguntas que, en estas últimas horas, he sacado de las redes. Era previsible que la entrevista, como cualquier publicación que trate sobre el caso, generaría todo tipo de comentarios, opiniones, juicios y críticas. Así debe ser. Una vez dicho, escrito y publicado, el texto pasa a ser de dominio público. El periodismo, en lugar de indignarse por la crítica, tiene que asumirla cuestionándose el oficio. Dicho esto, vamos por partes. Primero, el contexto.

Francisco y Catalina Uribe Noguera, hermanos del confeso asesino de Yuliana, llevan varios días en el ojo público. Y también en el ojo de la justicia. El fiscal Mártinez, en inquietante declaración, contó al país que la escena del crimen había sido manipulada. ¿Quién es el culpable? Horas después, los hermanos fueron citados por la fiscalía a interrogatorio. El de Francisco Uribe duró 6 horas. Otras tantas el de Catalina Uribe. Ambos, en los días que lleva el caso en titulares, no habían dado entrevistas. El viernes 16, después del trabajo de producción, Francisco Uribe decidió dar la entrevista a Semana. En lugar de ponerla en la versión en Internet, la revista decidió que la novedad tenía que estar en la portada. ¿Era relevante la información? Sin duda, ahora ¿por qué no poner a la familia de la víctima? El periodista José Guarnizo ha publicado, en la versión web de la revista, varios reportajes sobre los Samboní. Eso, que es un hecho, no quiere decir que la pregunta no sea válida. ¿Por qué la familia del victimario y no de la víctima? Uno, en una sala de redacción, tiene que tomar decisiones que no se reducen a fórmulas matemáticas. El papá de Yuliana, al día siguiente del asesinato de su hija, habló con Julio Sánchez en la W. Lo hizo también con otros medios. Algunos, yo entre ellos, preferimos evitar ese tipo de entrevistas. Es válido criticar la entrevistar a Francisco Uribe y la decisión de darle portada, sí. Pero también lo es criticar al medio que decida entrevistar, pocos días después de una tragedia así, a la familia de la niña. ¿Cuál es el límite entre rodear a la familia de quien sufre, y regodearse con su dolor para vender más y subir el número de clicks? Si la portada hubiese sido del papá de Yuliana, ¿criticarían algunos a la revista por amarillista e insensible?

Hay otros asuntos que podemos debatir. ¿Limpia Semana la imagen de Francisco Uribe y de su familia? No lo creo. Por un lado, el periodista no sabe lo que el entrevistado contestará. Una de las críticas a la entrevista tiene que ver con la última respuesta del abogado Uribe, comparando su dolor, el de su familia, con el dolor de los Samboní. Uno, como es evidente, no controla lo que el otro contesta. Cosa distinta es si aquella respuesta, autónoma y libre, merecía una contra pregunta. Algo como: ¿es posible comparar el dolor de perder una hija torturada, violada y asesinada a tener un familiar en la cárcel y estar en boca del país? Francisco Uribe, en sus respuestas, da una versión de los hechos, afirma que ni ella ni su hermana alteraron la escena del crimen. ¿Miente? No lo sé. ¿Lo sabe alguno de ustedes con certeza? Vuelvo a la pregunta inicial: ¿queda limpia su imagen? Yo, por ejemplo, me sigo preguntando por qué, cuando vio el zapato de la niña en el carro de su hermano, no llamó inmediatamente a la policía. Ya, para aquel momento de la tarde, él sabía que el Gaula buscaba desesperadamente a Rafael. ¿Cómo explica la decisión de no llamarlos, de no avisar? De haberlo hecho, ¿hubiera la policía encontrado viva a Yuliana? Tal vez nunca lo sabremos. A mí, en todo caso, la duda me quita el sueño. Finalmente, no hay decisiones perfectas en el periodismo. Menos cuando se trata de casos que involucran a niños que han sido secuestrados, torturados y asesinados. Que la crítica, mucha de ella merecida, nos sirva para seguirnos cuestionando nuestro oficio. Si algo falta al periodismo, es autocrítica.

@espinosaradio
 

 

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