Por: Felipe Zuleta Lleras

La refrendación

Finalmente, por mayoría abrumadora, tanto el Senado como la Cámara refrendaron el nuevo acuerdo suscrito con las Farc en el teatro Colón.

El Gobierno optó por este camino luego de haber recibido un concepto favorable de la sala de consulta del Consejo de Estado en el sentido de que el Congreso sí podía refrendar ese acuerdo.

Si el presidente Santos no se hubiera obsesionado con su plebiscito, se habrían ahorrado, no solo millones de pesos, sino un desgaste brutal para los colombianos y todos los protagonistas de las negociaciones de paz.

Hay que decirlo claramente. El Gobierno fue arrogante y discriminatorio durante las conversaciones que condujeron al primer acuerdo. Tanto que cuando se firmó en ese pomposo acto en Cartagena siempre nos dijeron que ese era el mejor acuerdo posible y que por lo tanto era inmodificable. Con el triunfo del plebiscito por los que votaron por el No, y después de más de 410 propuestas presentadas por el Centro Democrático y otras fuerzas, el Gobierno volvió a Cuba y logró introducirle importantes modificaciones al acuerdo inicial. Eso sí, hay que decirlo, por el afán de salir del lío, las Farc se reunieron hasta con el mono de la pila, empezando por los cristianos, representados entre otros por la senadora “liberal” Viviane Morales y su marido Carlos Alonso Lucio. Allí introdujeron cambios al tema de ideología de género, es decir en contra de los miembros de la comunidad LGTB y en aras de fortalecer la familia óptima o tradicional que tanto defienden los conservadores, como el ex procurador Alejandro Ordóñez y la mal llamada liberal Morales.

Es claro que en la segunda ronda de negociaciones lograron cambios importantes que mejoraron el acuerdo inicial. No es lo perfecto, pero sin lugar a dudas este acuerdo, y lo dicen los expertos en el tema, es uno de los mejores que se hayan suscrito en cualquier proceso de paz en el mundo.

Eso, claro está, no lo han visto los opositores liderados por el expresidente Uribe y algunos de sus seguidores. Entre otras cosas porque el senador quería adueñarse del tema o, como lo dijo Daniel Coronell en su columna de hace ocho días en la revista Semana, dilatar, dilatar y dilatar, lo que desató la ira del expresidente.Uribe.

He dicho en varias oportunidades que Uribe no estaba sentado con el Gobierno para mejorar el acuerdo, sino para torpedear el proceso de cara a las elecciones presidenciales. En lo mismo estaba el exprocurador Ordóñez, que no tiene votos, pero quien se cree el nuevo Trump de la política colombiana.

Ahora queda que el acuerdo se desarrolle rápidamente en los cambios constitucionales y legales que se requieran, porque de llegar a la Presidencia la extrema derecha que representan los personajes que hemos mencionado, es claro que harán todo lo que está al alcance de sus manos para echar para atrás todo lo que se ha acordado con las Farc. Eso por supuesto sería volver a la guerra que a ellos tanto parece gustarle. ¡Qué funestos personajes!

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