Por: Mario Fernando Prado

La rifa de la prepago

Tremenda polvareda ha levantado la frustrada rifa de una noche con una “chica prepago” por parte de un tal Carlos Hernández, el próximo viernes 19 de agosto, que jugaría con las tres últimas cifras del premio mayor de la Lotería de Medellín.

Cada boleta, que costaba 10 mil pesos, venía con cinco números u “oportunidades” para ganarse además “una noche en hotel con amanecida, una botella de whisky y 50 mil pesos para taxis”.

El señor Hernández expresó que lo que pretendía era darle una manita a una amiga que estaba en problemas de plata y que ignoraba que eso fuera un delito. Además. y como utilizó una foto bajada de internet, dijo que no tenía ni idea de que eso también lo podría meter en problemas.

Fueron tantas las críticas que recibió que debió suspender la rifa y en estos momentos debe andar devolviendo el dinero a los participantes y a la espera de que la justicia le caiga con todo su peso.

La iniciativa de Hernández es producto del relajamiento moral de un país que ha aceptado a las prepagos y las ha involucrado en la cotidianidad, reemplazando en otras esferas a las tristemente célebres putas, rameras o meretrices que también venden su cuerpo a cambio de unos sucios billetes, porque las pre son de buena familia y no pocas tienen su carrito y muchas sus motoneticas para atender los domicilios.

Pero claro, al rifador de la prepago sí le cayeron encima con todo el poder de la prensa, la radio y la televisión. Pero a los grandes empresarios (as) de la prostitución nadie los toca y tienen páginas web, portales de internet, catálogos y vídeos por donde desfilan desde jovencitas hasta catanas que exhiben sus carnes al mejor postor, en un comercio “lícito” que goza de tarjetas de crédito y el visto bueno de las autoridades que lo saben y lo consienten.

Ah y olvidaba las secciones de “especialistas” de los periódicos, en las que se ofertan cientos de opciones de los dos, o ahora de los tres y más sexos que hay, al igual que un menú de precios con el gancho de películas de alto calibre, masajes, tríos, cuartetos y hasta octetos.

Seguramente Hernández terminará tras las rejas sin que logren imputarle cargos que lo condenen, mientras que los peces gordos de la prostitución seguirán campeándose por los hoteles cinco estrellas y las discotecas más postineras, ofreciendo sus prepagos, otro negocio más de la doble moral con la que convivimos.

 

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