Por: Aura Lucía Mera

La varita mágica

¡Sadacabulaaa machicabulaaa! Todo se logra con sólo decir Bibidibabidi Bibidabidi Buuuuu... y ¡zaz! La varita mágica solucionó todo.

Una sola declaración del presidente Santos y el caos aéreo se solucionó. Así de fácil. Un directivo declaró sin sonrojarse que el cambio y la situación climática habían logrado que El Dorado quedara como víctima del éxito por la expansión de vuelos nacionales e internacionales. Sin comentarios.

Si el presidente hubiera hablado hace algunos días, no se forma semejante despelote que puso patas arriba todo el engranaje del transporte aéreo. Él tiene la varita mágica y con abrir la boca los aviones cumplen itinerarios, la niebla no importa y mucho menos “el cambio climático y la situación climática”. Que llueva, que llueva, ya no importa. Un movimiento de la varita mágica y a volar se dijo. Y así podemos seguir ad eternum con el centralismo aberrante y absurdo de tener todo el tráfico de aviones concentrado en Bogotá. Con la varita mágica no hay niebla que temer. Y El Dorado seguirá siendo el aeropuerto más importante del mundo. Prohibidos los retrasos.

Nadie le quiere poner el cascabel al gato. Un gato que, de no pararle bolas, puede ser el causante de tragedias y catástrofes, que hasta ahora no han ocurrido de milagro. Todos los colombianos sabemos que los aeropuertos del país adolecen de fallas en las torres de control, en las luces de aproximación, en equipos de rescate, en mantenimiento de sus pistas, pero los sucesivos directores de la Aeronáutica refieren estampar su nombre en placas e inaugurar con bombo y platillos terminales aéreos sin destapar que la calentura no está en las sabanas y que no es decorando los edificios, sino atendiendo las prioridades de las pistas de aterrizaje, decolaje y carreteo de los aviones, así como monitorear con lupa a los controles aéreos y los radares. Parece que les importara más salir en la foto.

Las aerolíneas tienen los últimos avances en tecnología y los pilotos son inmejorables. Lo mismo la atención, y me refiero particularmente a Avianca, que la prefiero a cualquier otra.

Nadie se cree que después de la declaración presidencial las cosas van a mejorar de la noche a la mañana... a otro perro con ese hueso. La Aeronáutica Civil tiene la responsabilidad absoluta de lo que suceda con el tráfico aéreo en Colombia. Ojalá no sea necesaria una tragedia anunciada y conocida por todos y llegue al cargo un directivo que no sea nombrado a dedo por decisiones políticas.

Bogotá no puede seguir con la centralización aérea. Año tras año es la misma historia. No tiene ninguna justificación que un avión que viene desde España tenga que hacer “escala técnica” en Cali para llegar a Bogotá. Que se tenga que ir a Bogotá para llegar a Popayán. Que se tenga que ir a Bogotá desde Cali para llegar a Quito. Que los vuelos Cali-Barranquilla y viceversa sean solamente a las cinco de la mañana. Y así sucesivamente.

¿Quién le pone el cascabel al gato? Los aviones no obedecen a ninguna varita mágica. La cosa es mucho más compleja y turbia.

Posdata: Suenan de nuevo los clarines de la paz... a ver ahora a quién le da por tirarse todo de nuevo. ¡Ya los “excluidos” también salieron en la foto! Ya no hay disculpa. ¡Viva la paz!

 

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