Por: Santiago Villa

La violación de Pablo Neruda

En su autobiografía, el poeta chileno describió la violación a una sirvienta suya en Colombo.

o sabía su nombre. Nunca habló con ella. Era la persona que cada día se deshacía de los excrementos que el poeta defecaba en una cubeta metálica. La violó en 1929, cuando Ricardo Reyes casi había comenzado a estrenar su seudónimo, Pablo Neruda, y terminaba de escribir Residencia en la tierra, el atormentado poemario que fue una de las piedras angulares del modernismo latinoamericano. 

Neruda se aburría en Oriente. Las cartas que escribió a su amigo Héctor Eandi desde las ciudades donde ejerció como funcionario consular chileno ante el Imperio Británico -Yangón, Wellawatta, Colombo, Singapur-, describen limitaciones salariales y soledad. "Los cónsules de mi categoría —cónsules de elección u honorarios— tenemos un miserable sueldo, el más reducido de todo el personal. La falta de dinero me ha hecho sufrir inmensamente hasta ahora, y aún en este momento vivo lleno de innobles conflictos". "En verdad deseo irme casi con angustia, pero por todas partes la vida es igual. A veces soy feliz aquí, pero qué demoníaca soledad, como una sala húmeda a mi alrededor, me envenena en verdad".

Su sensibilidad le impelía a rehuir los círculos sociales británicos, pero el desconocimiento de las lenguas locales y las barreras inherentes a su cargo le impedían tejer relaciones no-coloniales. Habitó un limbo de aislamiento.

Neruda me recuerda a John Flory, el tragicómico y pusilánime protagonista de la primera novela de George Orwell, Los días de Birmania. Demasiado insatisfechos con el orden colonial para  integrarse a su mundo masculino, pero no tanto como para desdeñar los beneficios que el privilegio blanco les otorgaba sobre la población femenina oriental. Ambos tenían múltiples amantes nativas, y dejaron atrás a la más estable, lo que desató feroces escenas de celos y sufrimiento.

Josie Bliss, la amante de Neruda, trató de incendiar su casa y atacó a otra de sus amantes con un cuchillo, luego de que lo persiguiera de Birmania a Ceilán. La angustia de Josie ante el abandono es explicable, pero no gracias a Neruda, sino a Orwell, quien describe en su novela el ostracismo social que padece entre la sociedad birmana la ex amante de un blanco. El comportamiento de Josie Bliss no es un capricho ni una patología psicológica, como sostiene Neruda, sino el miedo visceral a la deshonra pública y a la soledad, luego de haber previsto que cruzaría el umbral que separa al dormitorio del diplomático del lecho matrimonial. Neruda al final, no es de extrañar,  obviamente no se casaría con una nativa, sino con una holandesa.

Pero antes de su matrimonio, en 1930, el cuerpo de Neruda era "una hoguera solitaria encendida noche y día en aquella costa tropical. Mi amiga Patsy llegaba frecuentemente con algunas de sus compañeras, muchachas morenas y doradas se acostaban conmigo deportiva y desinteresadamente. Una de ellas me ilustró sobre sus visitas a las hummerie. Así se llamaban los bungalows en que grupos de jóvenes ingleses, pequeños empleados de tiendas y compañías, vivían en común para economizar alfileres y alimentos. Sin ningún cinismo, como algo natural, me contó la muchacha que en una ocasión había fornicado con catorce de ellos".

La mujer que violó, sin embargo, no era una de estas chicas que sabían inglés y buscaban  voluntariamente los favores de los blancos. Hacía parte de la casta "paria", los intocables, la más baja del rígido sistema social de Ceilán. Como correspondía a la mujer paria, no se opuso al hombre blanco. Neruda narró el episodio en su autobiografía, Confieso que he vivido: "la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible". 

Las dos grandes obras de Pablo Neruda son Residencia en la tierra y Canto general. La película Neruda recrea los años en que redactó Canto general, cuando se convirtió en en un héroe político y literario. La redacción de Residencia en la tierra tuvo, en cambio, en un contexto bastante más sórdido, durante el cual explotó sexualmente los privilegios de ser un hombre blanco en un país colonizado.


Twitter: @santiagovillach

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