Por: Melba Escobar

Lado B

Hace algunos días hablábamos con unas amigas de ese pobre hombre apocado y sumiso que obedece con resignada obediencia las peticiones más excéntricas de su tirana mujer.

Mientras nos compadecíamos de su suerte suponiendo, de entrada, que nunca será otra, el esposo de una amiga comentó: “No hay fundaciones contra el maltrato masculino, tampoco se dan marchas solidarias cuando un hombre es abusado, entre otras razones porque los hombres maltratados son tratados de maricas, pobres diablos, apocados, pusilánimes o cobardes, y porque rara vez, por no decir nunca, se visibiliza su desgracia”.

En los días siguientes a esta conversación han ocurrido una serie de eventos que solo me han reafirmado hasta dónde esto es cierto. He visto casos en los que el maltrato por parte de una mujer llega a ser justificado mayoritariamente y, más que eso, la mujer, que para algunos actúa como maltratadora, es por otros atacada de víctima de sexismo si no se defiende abiertamente su derecho al maltrato.

Los millones de niñas y mujeres abusadas cada día en el mundo entero, la lucha cada vez más activa en su defensa, la consciencia de lo cerca que tenemos ese flagelo de nuestro día a día y de la censura moral, social y legal que debe conllevar, son sin duda una emergencia que no podemos desatender y que los medios abordan de manera creciente. Sin embargo, existe algo así como el lado B de esa violencia contra las mujeres. El lado B es cuando la víctima de ese maltrato, de ese acoso psicológico, moral y físico es un hombre, no una mujer. Estos casos son sistemáticamente silenciados, invisibilizados, minimizados hasta el ridículo. Ni siquiera tengo claro que los hombres entre sí se solidaricen del todo cuando uno de ellos es la víctima. Es tal la incomodidad ante un hombre maltratado o sometido, es tal el desconcierto, la negación, la justificación del daño (eso le pasa por pendejo, por dejarse), que preferimos mirar para otro lado.

Quizás el caso más dramático ocurrió en días pasados cuando el escolta de Vargas Lleras, como bien analiza María Antonia Pardo en su muro de Facebook, además de cuidarlo y estar dispuesto a arriesgar su vida por él, se vio violentado en público. Si el golpe hubiese sido propinado a una mujer, la indignación se hubiera hecho sentir en plantones que llevaran a Vargas Lleras a la renuncia.

Soy feminista porque creo que las mujeres merecemos igualdad de derechos que los hombres. No creo que las mujeres tengamos derecho al maltrato, ni hombres ni mujeres, no creo que tengamos que soportar la violencia ni derecho alguno a ejercerla, ni hombres ni mujeres, ni física, ni psicológica ni moral. Siento con tristeza que solo con mirar alrededor encuentro casos de hombres que sufren distintas formas de maltrato, pero que como dijo el esposo de mi amiga, son invisibles, su caso no está tipificado, no existe. ¿Es el feminismo un movimiento poderoso que en su poderío se ha ido tornando excluyente? No lo creo. Quiero creer que hombres como el escolta del vicepresidente tienen una red de apoyo. Quiero seguir creyendo que la igualdad es posible para todos y todas y que esta es también una lucha feminista.

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