Por: Mauricio Botero Caicedo

Las fauces del lobo

En su artículo en El Tiempo (Nov. 20/16) el exalcalde Jaime Castro hace una seria advertencia: “…el nuevo Acuerdo Final (AF) no acata el veredicto popular. Ordena, en efecto, incorporar a la Constitución un artículo en virtud del cual la parte del AF que trate el tema de los derechos fundamentales y el Derecho Internacional Humanitario hace parte del bloque de constitucionalidad y agrega texto de enormes repercusiones políticas y jurídicas… La insistencia de las Farc por las referidas adendas constitucionales obedece a que, como no lograron que se convocara la constituyente de que eran partidarias, decidieron incluir en el AF las que hubieran sido sus propuestas en dicha asamblea, lo cual explica por qué el AF se convirtió en la plataforma política y programática del partido que creen, partido que gozará de exorbitante ventaja: en sus campañas pedirá que se cumpla la Constitución que obliga al Estado y a los electores”.

Son varios los voceros de la extrema izquierda que han planteado un “gobierno de transición”. El último fue Timochenko durante la firma del AF el pasado jueves en el Colón. Hace unas semanas Molano, un columnista de este diario, afirmaba: “…se le abre la puerta para una alianza política de fuerzas progresistas para las elecciones del 2018 y, por tanto, la posibilidad de un gobierno de transición hacia la democracia plena. La tesis de un gobierno de transición no es nueva. Marulanda, Jacobo y hasta el mismo Mono Jojoy la esbozaron… ¿Por qué no ensayar ahora un gobierno de transición, con un solo candidato, entre un movimiento que dejó las armas y que se podría llamar Frente Amplio Renovador Colombiano, con otro que una al Sí?”.

¿Y qué es la esencia de un ‘gobierno de transición’, aquel que proponen Timochenko y sus simpatizantes? El término de transición según Julián Santamaría hace referencia a un “proceso de cambio mediante el cual un régimen preexistente, político y/o económico, es reemplazado por otro, lo que conlleva la sustitución de los valores, normas, reglas de juego e instituciones asociadas a éste por otros(as) diferentes”. Para los comunistas, la ‘democracia plena’ es el Estado colectivista y totalitario. No hay que olvidar que una de las principales dictaduras comunistas que ha existido se llamaba la ‘República Democrática Alemana’ y la criminal dinastía marxista se denomina ‘República Popular Democrática de Corea’. No habiendo triunfado en el terreno militar –y guiados por la mano experta del comunista español Enrique Santiago–, las Farc metódicamente van a trasladar su lucha a otro estadio y buscarán apoderarse de las instituciones utilizando las estructuras democráticas para hacerse con el Estado. Las Farc no van a abandonar su ambición de hacerse al poder y si olvidamos esta vocación, estaremos condenados –por ingenuos– a vivir en una sociedad colectivista y totalitaria.

Las fauces del lobo aparecen cuando uno se da cuenta de que las Farc y sus incondicionales, como anticipó el jueves Timochenko, van a utilizar la plataforma política y programática del partido que están próximos a formalizar para, en contubernio con la ‘Marcha Patriótica’, pedir que se cumpla la Constitución y obligar al Estado y a los electores a crear un ‘gobierno de transición’, gobierno que obviamente les allanará a los comunistas la llegada al poder. ¿Tendrá razón Carlos Alberto Montaner cuando afirma?: “El pasado de Colombia es espantoso, pero créanme, el futuro puede ser peor”.

 

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