Por: Daniel Mera Villamizar

Las sensibilidades que hiere el fast track del acuerdo de paz

Creíamos compartir unas nociones del derecho y de la democracia, no digamos una estética de la historia.

Un procedimiento que dependía del Sí en la refrendación popular quieren usarlo pese a que ganó el No. He ahí el primer meollo de esta cuestión que profundiza la división.

Ese procedimiento (legislativo especial para la paz), llamado fast track, menoscaba las funciones del Congreso, la separación de poderes,  y le permite al presidente hacer, de modo rápido, cambios constitucionales y legales acordados con las Farc, ya que el gobierno cuenta con las mayorías en Cámara y Senado.  He aquí el segundo meollo.

Lo primero es inaceptable porque carece de legitimidad. Lo segundo, aun de haber ganado el Sí, era motivo de fuerte controversia.  Sin embargo, esperan que la Corte Constitucional le proporcione un mascarón jurídico a estas graves infracciones políticas.

Un conocido constitucionalista al que han llamado "conciencia legal" de la sociedad colombiana escribe:  "Jurídicamente, el debate es si esa refrendación congresional es o no suficiente para activar el llamado fast track, que permite una implementación más rápida del acuerdo".  Léase bien.

De modo que tenemos un debate sobre si el Congreso puede decir Sí a lo que el pueblo dijo que No!. Si una simple proposición del Congreso puede desconocer  un veredicto en las urnas. Esto ofende una noción que creíamos compartir: que el derecho guarda una cierta autonomía interna frente al poder. Que el derecho no es plastilina, que es autocontención basada en principios y reglas, y así se relaciona con la realidad.

La otra idea del derecho ha sido la contraria: que está al servicio del poder y punto.  Que no frena la arbitrariedad, sino que la consuma. Razón por la cual quisieron tomarse el poder por las armas: para dictar las normas que les diera la gana.

Una prueba de las leves convicciones del gobierno en cuanto a la separación formal de poderes la mostró La Silla Vacía en "En el Congreso y los ministerios también hay plebitusa": en al menos cinco ministerios,  pensaban colgar del fast-track entre 37 y 40 proyectos de ley y actos legislativos!, "con los que siempre han soñado y nunca habían podido tramitar".

Es cierto que el Congreso y el sistema de partidos no están bien, pero 1) no hemos elegido presidente con el mandato de castrar al Congreso con un fast track, y 2) lo acordado en La Habana nos devolvería a la atomización partidista.

Ahora, las peticiones a la Corte Constitucional para que se saque de la manga argumentos que revivan el fast track desligándolo de una refrendación popular, desdiciendo su sentencia sobre el plebiscito, se relacionan íntimamente con una noción de democracia que cada vez valora menos la soberanía popular. Consultemos al pueblo, pero si se equivoca, que no sea vinculante y nosotros decidimos lo que conviene, es el ideal emergente.

Estas formas sinuosas, por supuesto, hieren a quienes se educaron con "la voz del pueblo es la voz de Dios" o saben que nuestra civilización política depende del valor que cada ciudadano le confiera a su voto. Si ya es un problema cierto nivel de abstención, comenzar a burlar la voluntad popular expresada en las urnas es inaceptable.

Dirán los del coro que todo esto es necesario por la implementación del acuerdo de paz. O con las significativas palabras de Timochenko al día siguiente del No: "Es la paz un derecho contra-mayoritario, porque es un derecho configurador y esencial de la dignidad humana (…) El plebiscito no tiene efecto jurídico alguno". Contra-mayoritario! , sí, este acuerdo de paz.

Con sensibilidades distintas en esos campos, para qué ahondar en la estética de la historia. A algunos les parecerá que la ceremonia en Oslo lo vale todo. Pero haberles prometido a las Farc lo que no se debía: la voluntad popular y un Congreso eunuco, por ejemplo, más funciones constituyentes en la práctica y una narrativa sin las convicciones que tanto costaron, son parte sustancial de una trama histórica en desarrollo que no luce bien y cuyo final desconocemos. @DanielMeraV

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