Por: Gonzalo Silva Rivas

Lección aprendida

El fatal desenlace del avión boliviano Lamia, con la muerte de setenta y un ocupantes, fue la última página de una corta historia empresarial con oscuro trasfondo de escándalos, tráfico de influencias, irregularidades, imprevisiones y premoniciones.

La pequeña aerolínea, fundada en Mérida, Venezuela, en 2009, por un controvertido empresario español de nombre Ricardo Albacete, ha sido epicentro de varias controversias durante su corta existencia. En el vecino país enfrentó inconvenientes con el Gobierno por enredarse en asuntos de pagos y carecer de parámetros apropiados en materia de seguridad.

Como resultado de sus problemas, emigró a Bolivia en 2014 de la mano de dos empresarios locales, y un año después recibió certificado de operaciones y una rápida e inusual licencia indefinida de la Dirección General de la Aeronáutica Civil boliviana (DGAC) para realizar vuelos internacionales. Sin embargo, durante ese último par de años sus escándalos tampoco dejaron de sonar.   

Su relación con el Gobierno nacional ha sido motivo de acusaciones por presuntos vínculos con militares venezolanos y tráfico de influencias, que involucran al propio presidente Evo Morales,  quien hace dos semanas utilizó sus servicios. El director de Registro Aeronáutico de la DGAC es hijo del director general de Lamia, y el antiguo piloto presidencial es el actual gerente de la compañía. Fuera de ello, el piloto fallecido en el siniestro enfrentaba un juicio con la Fuerza Aérea Boliviana por abandono de la institución.

En el campo operativo la empresa incumplió sus pretensiones de ofrecer una flota de doce aeronaves y terminó prestando servicios con tres viejos aviones ingleses,  dos de ellos inactivos y sin vigencia aérea, que hoy lo generan una abultada deuda por trabajos de mantenimiento.  Entre tanto, el avión accidentado, el único que funcionaba, carecía de seguro para aeronaves, y la póliza de pasajeros fue adquirida a través de un plan de cuotas, buena parte de ellas aún sin cancelar, lo que implicaría que la aseguradora solo haga un reconocimiento parcial de las coberturas por muerte.

Mientras el entierro de la compañía termina impulsado por líos de corrupción política, el desastre aéreo quedó envuelto en una misteriosa atmósfera de premociones.

En marzo pasado un conocido vidente brasileño predijo ante un canal comercial de televisión la “muerte de un equipo completo de fútbol dentro de un avión”, y días antes del trágico vuelo el piloto fallecido escribió en Facebook un extraño mensaje que concluía con la lapidaria frase: “Cristo te está esperando para un encuentro glorioso que te abrirá las puertas de la eternidad”.

Aunque la investigación sobre las causas del accidente se encuentra en marcha, todo indica que una acumulada y determinante cadena de errores humanos, administrativos, políticos y burocráticos conspiró a su favor, desde mucho antes de que la aeronave partiera del principal aeropuerto de Bolivia, el Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, cargando con el oscuro peso de sus grandes dudas.

Con la encrucijada a cuestas el gobierno boliviano suspendió el certificado de operaciones de la compañía, mientras se investiga el historial de socios y el origen de su capital, y retiró temporalmente de sus cargos a los principales directivos de DGAC y AASANA -cuya funcionaria denunció las irregularidades en los protocolos y hoy busca refugio en Brasil- hasta determinar las eventuales responsabilidades de ambas entidades en la concesión de licencias, la exigencia de requisitos y los procedimientos de controles previos a los vuelos.

De ser detectadas vulneraciones en los protocolos operacionales del avión siniestrado, Bolivia enfrentaría posibles sanciones por parte de la OACI, que afectarían su proyección en el ámbito internacional. La primera, sería perder la Categoría 1, otorgada por la Evaluación Internacional de Seguridad en materia de Aviación (IASA), que le impediría a sus aviones sobrevolar los espacios aéreos del Tío Sam. En una industria tan rigurosamente técnica como la aviación, deberá ser una lección aprendida para no repetir la historia.  

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@Gsilvar5

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