Por: Catalina Uribe

Leche en el sagrado corazón de Uribe

El actor tamil Shivaji Rao Gaekwad, más conocido como Rajinikanth, es una de las grandes estrellas de cine en la India, país conocido por idealizar hasta el extremo a sus celebridades.

El caso de este actor está causando especial conmoción pues los fanáticos lo han convertido en casi un dios; se han vuelto incluso comunes prácticas de adoración como la de derramar millones de galones de leche sobre su imagen. Algunas autoridades están alarmadas pues cada vez que Rajinkanth lanza una nueva película, la leche escasea y pone en peligro la alimentación de los niños.

El hecho de que una imagen se vuelva icónica depende mucho de las audiencias y las prácticas que éstas realicen con ella. Cargar una estampa del divino niño en la billetera para la buena suerte, hacer memes con la imagen de Pablo Escobar, o peregrinar para tomarse una foto con el Eccehomo de Borja son todas contribuciones a la simbología de estas imágenes. Tanto es así que uno de los fanáticos de Rejinikanth se defendió ante un periodista del NYTimes sugiriendo —y quizá con razón— que si se permite que se derrame leche en los templos, nadie debe criticarlo por verter leche sobre su actor.

Pero no son sólo las audiencias sino la estructura mediática lo que otorga mayor visibilidad, y por ende, nuevos significados a una imagen. Después de que apareciera el video de Paloma Valencia con el cuadro del sagrado corazón de Uribe de fondo, todos hemos contribuido con la resignificación y popularidad de la imagen. Se dejaron de lado los argumentos de la senadora con respecto al No, para centrarnos, nuevamente en nuestra obsesión desde hace años: la imagen de Uribe. El video, como lo comentó Halim Badawi en Arcadia, se convirtió en el video más reproducido en la historia de la cuenta de la senadora. Así pues, y aquí me incluyo, debemos cuidarnos de lo que reproducimos o, como van las cosas, veremos derramar tanques enteros de leche sobre el santísimo del ubérrimo.

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