Por: Felipe Zuleta Lleras

Lo fastidioso de tributar

Esta semana se conocieron las recomendaciones de la Comisión de Expertos sobre la llamada reforma tributaria estructural.

Como siempre, el tema impuestos genera toda clase de reacciones, pues a nadie, al menos que yo conozca, le gusta pagarlos. Así pasa en todas partes del mundo, no solamente en Colombia. Es un tema por supuesto sensible, porque es cuando el Estado les mete la mano a sus ciudadanos al bolsillo para sacarles lo que más pueda.

Los impuestos son la manera civilizada, al menos en teoría, que han encontrado los Estados para hacer que sus ciudadanos cumplan con sus obligaciones a cambio de entregarles servicios, infraestructura, salud, seguridad, entre otros.

Los colombianos somos muy dados a no ponerle atención al tema durante las elecciones y siempre estamos convencidos de que lo que nos digan los candidatos es una mentira. ¡Y es!

Desde que tengo conciencia de mis obligaciones para con el Estado, siempre he creído que en la vida hay dos cosas que son ineludibles: la muerte y los impuestos, como lo dijo alguien.

En no pocas oportunidades decimos que la diferencia entre tributar en un país desarrollado y hacerlo acá es que allí al menos se ven los impuestos pero que acá se los roban. Eso por supuesto es un argumento para la galería, porque con robos o no, Colombia es un país que ha mejorado, (con problemas claro), en temas como infraestructura, salud y educación, por solo mencionar unos pocos casos.

Pasamos de ser un país rural y campesino a ser un país urbano. Y por más que nos quejemos, lo que es por supuesto un deporte nacional, lo cierto es que el país de hoy dista mucho de la Colombia de hace 40 0 50 años. No sé ustedes, pero a mí me impresionan ciertas obras de infraestructura que han hecho nuestra vida mucho mejor. No es lo mismo viajar hoy en carro de Bogotá a la Costa que lo que era hace tan solo 20 años. Hace 25 años era impensable asumir que los colombianos tendríamos cobertura universal de salud. Y por más que nos quejemos ahí está, con líos y todo. Recuerden lo que era el aeropuerto El Dorado hace ocho años; mírenlo ahora. Vayan en carro al parque de San Agustín hoy y se sorprenderán del estado de las vías. Y así hay cientos de ejemplos.

Por eso a veces nos obnubilamos y nos morimos de rabia cuando nos hablan de más impuestos. Qué aburridor que es tributar. Pero qué necesario que resulta. Ahora bien, si de verdad se lograra acabar con los bandidos que le meten la mano al erario, pues las cosas serían aún mejores Pero es claro que con corrupción y todo el país ha progresado. Y no estoy justificando a los criminales.

Últimamente estoy demasiado optimista, y no me excusaré por eso, pero de verdad creo que a pesar de todo lo que maldigamos, Colombia sigue siendo un país maravilloso, con un potencial inmenso y en donde, para mal o para bien, nacimos y crecimos.

Queda esperar a conocer el texto de la reforma para analizarla con juicio para poder, con más elementos de juicio, examinarla a fondo.

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