Por: Cartas de los lectores

Lo inolvidable de Radio Sutatenza

Un artículo despierta las remembranzas y agradecimientos de una familia urbana y educada que se benefició de la programación de Radio Sutatenza.

La pasada edición del domingo 27 de noviembre trajo contenidos importantes para la vida nacional y se refirió también a los 500 años de la reforma de Lutero y su portada dedicada a Castro. Si bien vivo en un mundo donde estas cosas me atañen, solo llegó hasta mi alma su artículo titulado “Radio Sutatenza Los sonidos de la educación campesina”.

Mis padres, Ignacio y Marta, fueron unos educadores maravillosos de una familia de ocho hijos; él, profesor del Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, y ella, ama de casa y rectora de nuestra formación, quien nos enseñó a leer mucho antes de nuestra primera escuela. Fue su decisión dar a sus hijos la mejor educación posible y parte de ello fue la elección de lo que oíamos en la radio, definiendo desde allí nuestro amor a la música, a las letras y a lo que ahora sabemos hizo a nuestra infancia feliz. Fue importante la emisora cultural de la Universidad de Antioquia, decana de las emisoras culturales en nuestro país, pero la más importante para nuestro mundo infantil fue Radio Sutatenza, que emitía a las 5 de la tarde su programa “El rincón de los niños”, donde aprendimos cuentos y canciones infantiles y se hacían concursos; también obtuvimos con gran emoción nuestra primera membresía como oyentes de la emisora; todavía recuerdo la visita con papá a las instalaciones de la emisora en el Edificio Nuevo Mundo, donde nos recibió la querida actriz Dora Cadavid, quien era una de las locutoras de la emisora, y conocer a la dueña de una voz tan escuchada y querida marcó mi memoria de niña de seis años.

Pero lo inolvidable de Radio Sutatenza vino después: mi madre, quien para esta época sobrepasaba los 40 años, decidió estudiar el Bachillerato por radio que ofrecía Radio Sutatenza a la 5:30 de la mañana. Mujer culta y progresista, no pudo estudiar más que la primaria porque por aquella época educar a las mujeres era un desperdicio o una dura elección y, por limitaciones económicas, lo usual era sacrificar sus deseos de conocimiento para educar a los varones, y ella y su hermana vieron truncados sus sueños de ser maestras, en favor de la educación de sus cinco hermanos.

Ella, quien nos había formado en las épocas más importantes de nuestra vida, no quería ser inferior a sus hijos ya bachilleres y universitarios, y decidió hacer su bachillerato sintonizando Radio Sutatenza donde un severo pero estimulante profesor de matemáticas la dirigía a través de unos módulos tan grandes como un plano arquitectónico, que ella apoyaba en la mesa de planchar: eran los materiales de apoyo que le llegaban por correo apenas superaba los objetivos. Alguna vez me preguntó un tema sobre teoría de conjuntos y yo, estudiante de tercer semestre de Economía, constaté que me llevaba una semana de adelanto: ¡tan rigurosa era su formación! Si bien no alcanzó el título por la asignatura de inglés, hoy todavía vive, y a sus 95años es lectora permanente de prensa y disfruta muchísimo el gran crucigrama del domingo que publica El Espectador.

Así, como pueden ver, La acción Cultural Popular no sólo educó a campesinos: también familias urbanas y educadas como la nuestra se vieron estimuladas por esta opción no comercial y modesta en la historia de la radio colombiana. Ha tocado Jairo Andrés Cárdenas, con su artículo, un tema muy significativo de la Colombia silente y existente, y por ello le agradecería que extendiera esta comunicación a modo de reconocimiento al señor Arnoldo Candela. Mientras, y mientras, reciban mi gratitud por este pequeño oasis que han creado con su artículo.

María Teresa Lopera Chaves. Suscriptora, Medellín

 

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