Por: Fernando Araújo Vélez

Lo que nos mata

Lo que nos mata es no matar y tomarnos tan en serio el morir y a nosotros mismos. Acumular rencores, sumar odios, ilusionar venganzas, sentarse y esperar a que pase el cadáver de nuestro enemigo frente a nosotros, y esperar.

Lo que nos mata es esperar a que el otro nos adivine aunque sepamos que eso jamás va a ocurrir. Lo que nos mata es idealizarlo, verlo como querríamos que fuera y no como es. Lo que nos mata es guardar nuestros puñales e ir con miles de heridas por ahí, añorando que algún día, alguien, una especie de dios poseedor de la verdad, sea justo con nosotros. Lo que nos mata es creer que hay Justicia, cuando en realidad sólo hay millones de justicieros y algún desequilibrado juez que intenta ser justo.

Lo que nos mata es perseguir metas y considerar que hay algo perfecto, en lugar de caminar y vivir y degustar las piedras del camino y las zanjas y los obstáculos. Lo que nos mata es estar, dejarnos estar, conformarnos con un salario y seguir convencidos de que lo que hoy nos aprisiona siempre estuvo ahí y no lo podemos cambiar. Lo que nos mata son los idealismos, y olvidar que las serpientes no sólo muerden a los vecinos. Lo que nos mata es preferir las certezas a las incertidumbres y clavarle un cuchillo al misterio. Elegir las herencias y heredar, siempre heredar, hasta el punto de no saber cuánto de nosotros hay en nuestras decisiones, y cuánto de nuestros educadores, si es que podemos vivir tranquilos después de llamarlos así.

Lo que nos mata es estar a la moda, que es vivir de acuerdo con la aprobación de los demás, y decidir nuestros pasos por el gusto de quienes no han tenido el valor de matar la necesidad de aprobación. Lo que nos mata es el ego mezquino del otro, que engaña, pisa, apuñala por la espalda y trepa para que lo aplaudan, pero sonríe porque es querible y querido, y las sonrisas son una moneda. Lo que nos mata son las divisiones, que esto es bueno y esto malo, y usted es blanco y yo negro, y vivir en blanco y negro. Lo que nos mata es ser el proyecto de otros, la felicidad de otros, la protección de otros, la vida de otros, pedir y exigir que nos den. Lo que nos mata es tender puentes y querer estar siempre del otro lado del puente. Lo que nos mata es el ruido, el ruido de los sables y de las botas, de las noticias y de los políticos, de los intelectuales y de los que callan por miedo. Lo que nos mata es no desprendernos del todo, de todo y de todos.

 

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