Por: Óscar Alarcón

Lo que pasó en EE.UU.

Las elecciones de hace ocho días rompieron una vieja tradición en los EE. UU., el de que jamás elegían a un presidente de extrema.

Aquí lo habíamos anotado hace unos meses. En 1964 el presidente Johnson, quien asumió tras el asesinato de Kennedy, se presentó a la reelección y tuvo como contraparte al republicano, senador derechista de Arizona, Barry Golwater. Logró un triunfo aplastante, el 61 % del total de la votación. Golwater solo ganó en Arizona y en cinco estados del sur. El voto electoral fue de 482 de Johnson contra 52 del republicano. En 1972 Richard Nixon consiguió la votación republicana más grande de la historia frente al demócrata, de Dakota del Sur, y considerado de tendencia izquierdista, George McGovern, quien apenas llegó a 17 votos electorales contra 520 de Nixon. Claro, la excepción fue Ronald Reagan en 1980, de derecha, pero electo gracias a una alta abstención.

Lo sucedido parece mostrar un carácter antifeminista de los norteamericanos, una actitud de no dejarse gobernar por mujeres. Hace ocho años, cuando la misma señora Hillary Clinton aspiró a la Presidencia, le dijeron no y prefirieron un negro a una mujer. Era una alternativa que jamás habían tenido y optaron por el hombre. Ahora también. Tuvieron la posibilidad de elegir a una mujer, a la misma de hace ocho años, y se quedaron con un hombre que paradójicamente se ha caracterizado por su machismo.

Otro factor influyó. Los anticastristas de la Florida quisieron castigar al presidente Obama por sus acercamientos con Cuba y por eso votaron por Trump. Este estado, que es uno de los que elige más delegados al Colegio Electoral, siempre les ha dado el triunfo a los republicanos desde los años 20, cuando han ganado, y en esta ocasión hizo lo propio. De esta manera a la señora Clinton la atacó el gusano de la Florida y terminó con castroenteritis, que lideran los Díaz Balart.

 

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