Por: Óscar Alarcón

López, el escritor

Hace un par de semanas, en la Universidad del Rosario se presentaron cinco tomos de obras selectas del presidente Alfonso López Michelsen hechas por el investigador Fernando Mayorga en cumplimiento de la ley expedida con motivo del centenario del nacimiento del destacado hombre público.

Por gentil deferencia de la familia López me correspondió intervenir en el acto, en donde no solo hablé del trabajo que se presentaba, sino también recordé un ensayo que muy joven elaboró el destacado hombre público cuando apenas concluía la secundaria en Europa.

López, quien hizo la mayor parte de esos estudios en Francia y Bruselas (fue el mejor bachiller de los colegios de Francia), entonces no dominaba el español, razón por la cual ese trabajo sobre Benjamin Constant, el padre bohemio del liberalismo francés, no lo escribió en español sino en francés y para su publicación en Colombia, en 1934, necesitó la traducción de Juan Arrubla, profesor del Rosario. Sin embargo, Juan Lozano y Lozano, quien le hizo la edición, señala en la presentación del libro que la obra adolece de errores de construcción idiomática y que el autor, por haber pasado la mayor parte de su adolescencia en colegios y universidades europeas, “piense sus escritos en otros idiomas y su construcción castellana sea bastante defectuosa”.

Quién se iba a imaginar que ese joven, además de llegar a ser un político destacado, hasta llegar a la Presidencia (con defensores y contradictores), logró consagrarse como un excelente escritor en su lengua castellana (lo que se puede constatar en esos cinco tomos) y además de ser el autor de la novela Los elegidos, que muestra a esa Bogotá burguesa de mediados del siglo XX. Churchill, quien además de político fue un excelente escritor, no ganó el Premio Nobel de Paz, sino el de Literatura. Igual le habría podido suceder a López. Pero en sus años, él no fue de Los elegidos.

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