Por: Julián López de Mesa Samudio

Los jardines de la victoria

Durante las dos guerras mundiales los campos de las zonas en conflicto fueron arrasados una y otra vez por los ejércitos, amenazando el abastecimiento de alimentos en más de una ocasión.

Para conjurar el peligro, en muchas ciudades de Europa y de Estados Unidos se gestaría un enorme movimiento de agricultura urbana alrededor de huertos conocidos como los “jardines de la victoria”. Los ciudadanos en sus casas y las comunidades en sus barrios, en zonas comunales y en cualquier espacio que se pudiese utilizar, sembraron y cultivaron sus propios alimentos. Muy pronto los jardines de la victoria salpicaron por doquier el paisaje urbano. Al final de la Segunda Guerra, en estos jardines no sólo se cultivaba, sino que también se criaban pollos, cerdos, cabras, ovejas... El esfuerzo colectivo fue tan exitoso que llegó a representar el 44% de toda la producción agrícola de los Estados Unidos en 1945.

En las últimas décadas, la agricultura urbana ha ido creciendo hasta convertirse en un movimiento de proporciones globales. En nuestro medio, las grandes urbes y sus jardines botánicos la han ido fomentado, y diversos colectivos, fundaciones y comunidades llevan varios años de trabajo. Empero, quizás es el momento de que otras entidades, como el Ministerio de Agricultura, de Medio Ambiente, de Desarrollo Económico y de Cultura, el ICA, las Alcaldías, los municipios y los entes locales, empiecen a ver el potencial económico, político, social y cultural de la agricultura urbana, ya que además de producir alimentos, beneficia a las economías locales, reduce la huella de carbono producida por el transporte y contribuye con la seguridad y la soberanía alimentaria de individuos y comunidades; adicionalmente, a través de las labores cotidianas, propicia el diálogo intergeneracional y el trabajo colectivo y asociado. También fortalece los lazos sociales y los mismos espacios agrícolas se convierten en espacios de distensión, intercambio de saberes y resolución de conflictos.

Hoy Colombia vive una sequía cuyos graves efectos hasta ahora están comenzando a percibirse a pesar que, desde hace años, la CAR y otros entes gubernamentales ya sabían que esto pasaría y nada hicieron. De cumplirse los vaticinios, el año entrante habrá escasez de alimentos y los precios se dispararán. En casos como estos la agricultura urbana también se erige como una alternativa para mitigar la presión que la ciudad ejerce sobre el campo.

Lo mejor es que cualquiera puede hacerla pues no necesita de grandes inversiones ni espacios amplios; tampoco se requiere de experticia técnica para cultivar en el antepecho de una ventana. Sólo se necesita paciencia, constancia y poder de observación pues se va aprendiendo con la experiencia y con el tiempo. La verdad es que la agricultura urbana puede llegar a ser muy fácil; tanto o más que sembrar una planta ornamental. ¿Por qué, entonces, no sembrar un jardín de la victoria este fin de año? ¿Por qué no hablar con los vecinos para montar una huerta comunitaria en el barrio, en la azotea del edificio, en una esquina del parque? ¿Qué mejor plan para embellecer el vecindario, los antejardines, los balcones y las ventanas para las festividades? Quizás así, para el próximo período de sequías ya estemos mejor preparados.

@Los_Atalayas

594177

2015-10-21T21:00:22-05:00

column

2015-10-21T21:05:13-05:00

none

Los jardines de la victoria

27

3420

3447

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Julián López de Mesa Samudio

El privilegio nos hace impopulares y peligrosos

Retorno a los Montes de María

Biofilia, árboles y ciudad

Tiempo de juego

Pensar fuera de los ránquines