Por: Weildler Guerra

Los justos

Un sublime e inolvidable poema de Borges nos habla de los justos, aquellos seres humanos con oficios diversos y quizá modestos que viviendo en distintas partes del mundo comparten un carácter generoso y altruista.

El poeta nos dice que entre ellos pueden encontrarse: “El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón”. Esas personas que se ignoran, según el autor, “están salvando el mundo”. Una vez concluida la lectura del poema nos preguntamos: ¿hay justos en un país que ha vivido un conflicto prolongado y lleno de depravaciones? ¿Es posible aplicar la idea de “justos entre las naciones” a Colombia? ¿Puede haber justos en un país en el que los victimarios no tienen el pudor de ocultarse y, por el contrario, se movilizan para defender sus intereses como perpetradores y abolir las exigencias normativas de las víctimas?

Estas preguntas estarán presentes en el evento “Los justos en el conflicto armado colombiano”, que organizan varias entidades académicas y empresariales en asocio con el Centro Nicanor Restrepo Santamaría para la Reconstrucción Civil y que se realizará el próximo 6 de diciembre en Bogotá. Este centro ofrece una plataforma para desradicalizar a las sociedades latinoamericanas, despolarizar sus esferas públicas, deslegitimar el uso de la violencia con fines políticos y establecer un horizonte de civilidad en la política de la región.

Como ha afirmado el politólogo y economista Carlo Tognato, en sociedades fracturadas y con profundas divisiones políticas y sociales los ciudadanos tienden a solidarizarse casi exclusivamente con los miembros de sus respectivos grupos. Así, cuando se desata la violencia, reconocen y reclaman justicia para sus víctimas, pero raramente lo hacen para las víctimas que no les pertenecen. Introducir la figura del “justo” como tercer elemento en la oposición entre víctima y victimario abre una salida a esta encrucijada. Muchas personas no convivieron con la injusticia, entre ellas sacerdotes, campesinos, universitarios, indígenas, afrocolombianos, periodistas, militares, empresarios, entre otros, a pesar de los costos que esto podría tener. A las puertas de un nuevo ciclo de nuestra historia, no parecemos comprometidos con la adopción de formas civilizadas para manejar nuestras diferencias políticas.

Según Tognato, la figura del justo hace posible un distanciamiento con respecto a los victimarios producidos por el grupo social o político de uno y permite solidarizar indirectamente con las víctimas de otros grupos a través del respaldo al “justo” engendrado dentro de ese mismo grupo. De esta propuesta se derivan diversas preguntas: ¿el concepto de justo es un nuevo mito fundacional útil para Colombia? ¿Cuál fue la relación entre justos, conflicto armado y Fuerza Pública? ¿Cuál fue la relación entre justos, conflicto y empresariado? ¿Es posible aplicar una figura surgida del holocausto judío a la situación de Colombia?

Hasta ahora, Colombia no sabe ni ha contado la historia de sus justos. Si queremos aprender la lección dolorosa de los actos de despojo e inhumanidad cometidos contra nuestros connacionales y contra toda la sociedad víctima, deberíamos saberla.

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