Por: Catalina Uribe

Los límites de la educación

Recientemente apareció en Finlandia un grupo xenófobo llamado “Soldados de Odín” que se dedica a patrullar las calles con el fin de defender a los finlandeses de los migrantes.

Este grupo insiste en que “los intrusos islamistas” han provocado un aumento en la criminalidad que tiene que ser contenida. Muchos temen que, detrás de su preocupación por la seguridad, el grupo sea una organización racista que busque una “Finlandia blanca”. Lo más desconcertante, sin embargo, es que el surgimiento del grupo de “resistencia racial” es la reacción a la comunidad inmigrante más pequeña de Europa.

Más raro aún es pensar que un país que ha sido modelo de educación en el mundo esté enfrentando un extremismo radical que solo se puede asociar con barbarie. Algunos recordarán que Finlandia ha sido noticia en los últimos años por tener un sistema educativo que gradúa a los alumnos mejor preparados y mejor capacitados para la vida profesional. Pero, ¿de qué tipo de educación estamos hablando? Además de los Soldados de Odín, ha cogido fuerza en los últimos años el partido político True Finns, cuyo objetivo es garantizar una Finlandia para los “finlandeses verdaderos”.

En el mundo hay un acuerdo tácito sobre la importancia de la educación. “Hay que invertir más en educación y menos en guerra” es una de las clásicas frases del discurso público colombiano. Sí, cierto. Pero, ¿qué significa eso? La educación no es una categoría vacía, aunque la tratemos como tal. La intuición que tenemos es general: la educación nos tiene que servir para salir de la pobreza y para frenar la violencia. Lo primero es difícil, pero ya hay quienes lo han logrado. Lo segundo, como lo ejemplifica Finlandia, tiene su truco.

Quizá la educación sea insuficiente o, por lo menos, una educación que no se tome en serio un proyecto liberal. Y, aún así, es difícil. A tolerar, como todas las demás actividades, se aprende tolerando. Por motivos distintos a Finlandia, la migración hacia Colombia ha sido poca. Hace mucho, o quizá desde siempre, somos los mismos con los mismos, acostumbrados a lo mismo. Esto sugiere no sólo que si algún día resultamos con migrantes vamos a ser espinosos, sino que, en general, somos lentos para el cambio, nos acomodamos con dificultad a los tiempos y tendemos a la inmovilidad.

 

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