Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Los mismos con las mismas

Así se enfurezcan los partidarios del No —uribistas, cristianos, católicos o conservadores—, no hay duda de que ganaron el plebiscito con mentiras y desinformación. Si bien el Gobierno no pierde oportunidad de recordarles esa imborrable falta, en lo que no le falta razón, no parece haber aprendido la lección que dejó esta triste jornada electoral.

En efecto, si los defensores del No triunfaron fue porque el Gobierno creó las condiciones para que pudieran desinformar y faltar a la verdad. El hermetismo a ultranza que con soberbia y arrogancia Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle impusieron a todo lo que pasaba en La Habana convirtió los acuerdos en secretos de Estado. Si después de concluir cada uno de los seis acuerdos el Gobierno hubiera promovido campañas pedagógicas para explicar punto por punto, los colombianos no solo se habrían informado con suficiente antelación, sino que no habría triunfado esa campaña infame que montaron los del No, haciéndoles creer a los ingenuos que el país se convertiría en otra Venezuela, que se iba volver obligatorio ser homosexual, y tantas otras falacias que aún hoy se oyen inclusive en boca de personas supuestamente bien enteradas.

Pero no, Santos y su equipo. con la excluyente postura de no compartir públicamente lo que se estaba cocinando en La Habana, reaccionaron cuando ya era imposible convencer a los votantes de que no era cierto nada de lo que decían hasta en los púlpitos. Si se hubiese discutido sin ambages con tiempo, la estrategia perversa de falsear los acuerdos no habría tenido eco.

Después de semejante derrota tan inmerecida, el Gobierno está repitiendo los mismos errores, a juzgar por el silencio que viene aplicando a las preliminares conversaciones con los partidarios del No. Esos diálogos deberían ser transmitidos en vivo o al menos dar lugar a comunicados generosos sobre lo que se está proponiendo por ese enjambre de lagartos que se han ido sumando a la mesa entre Gobierno y los del No. Pero quien hace los comunicados es Uribe y su gente.

El país debería estar enterado de que, por regla general, muchos de los partidarios del No desconocen los acuerdos. Los ciudadanos deberían estar advertidos de que en esas reuniones Uribe ha deambulado de la irascibilidad a una falsa condescendencia en sus planteamientos, y ha dejado en evidencia que en muchos de los temas improvisa porque no está informado. Igualmente, sería bueno que se supiera que el exprocurador Ordóñez es tal vez el más desentendido de los asistentes a esos encuentros, nunca interviene porque no tiene como hacerlo, y en su nombre lo hace un esbirro que tuvo en la Procuraduría como delegado, que en opinión de quienes lo oyen hablar es tan terco como su jefe pues está a la derecha de la derecha. La única vez que se ha oído a Ordóñez fue esta semana cuando, ante las declaraciones de Santos en Londres, propuso que los del No se pararan de la mesa. Ese ha sido su aporte. También sería útil que se denunciara la prepotencia de un exviceministro de Justicia sediento de protagonismo, que primero exigió que la discusión se empezara de cero, y como nadie le paró bolas a esa insensatez, en la sesión siguiente anunció que no representaba al Centro Democrático sino a un grupo de abogados encabezados por Jaime Castro, entre otros cadáveres políticos.

Menos tienen que ser secretas las conversaciones del Gobierno con las Altas Cortes o el fiscal Martínez, tanto más cuando ya es ostensible su alianza contra la Jurisdicción Especial para la Paz. Es preciso que se sepa desde ya si por esos lares hay alguien sosteniendo la tesis recalcitrante de que aquí no hay conflicto armado sino una banda narcotraficante que debe ser juzgada por la Corte Suprema. De ser así, eso lo tienen que sustentar delante del pueblo y no a sus espaldas.

Ojalá el Gobierno rectifique y ahora que los comisionados van a La Habana cargados de 410 propuestas, abandone la misma estrategia de ocultar todo lo que se está discutiendo o acordando. Al perro no lo capan dos veces.

Adenda. De nuevo el escritor Álvaro Tirado Mejía nos entrega un magnífico libro: HISTORIA VIVA, TOMO I, MISCELÁNEA POLÍTICA EXTERIOR. Es bien documentado y agradable.

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