Por: Óscar Alarcón

Los papas y los gobiernos

Una de las más controvertidas elecciones presidenciales que hemos tenido ha sido la del general Rafael Reyes.

 Se enfrentó para el período de 1904 a 1910 —entonces era de seis años— al también conservador cartagenero Joaquín F. Vélez, quien había sido amigo de Rafael Núñez y quien, como embajador en el Vaticano, suscribió el Concordato con la Santa Sede. Siempre se especuló que Reyes ganó gracias al general Juanito Iguarán, gran cacique en La Guajira, quien alteró el registro de la provincia de Padilla.

La verdad fue que Reyes no estaba en el país y lo eligieron en su ausencia. Mientras sus amigos convencían a Iguarán para que hiciera el fraude en su favor (la votación era indirecta), él estaba entrevistándose con el papa Pío X, quien le obsequió una fotografía con la siguiente dedicatoria, en italiano: “Al gran amigo Rafael Reyes, presidente electo de Colombia, con el fervoroso voto y con la seguridad de que su gobierno será memorable para la paz, el progreso de la nación, para la libertad y seguridad de la Iglesia católica en la querida república, receptora de tales beneficios y objeto de nuestra particular complacencia. Impartimos la bendición apostólica. Dado en el Vaticano a los ocho días del mes de marzo de 1904. Papa Pío X”.

Cuando el general Reyes regresó a Colombia con la bendición papal, lo declararon formalmente presidente el 4 de julio, cuatro meses después de haberlo hecho el sumo pontífice. Con su dignidad en el bolsillo fue a visitar a Joaquín F. Vélez, para manifestarle que en su futura administración el competidor, como sus amigos, obtendrían la necesaria y justa representación y que no serían tratados como vencidos sino como vencedores. Con frialdad y franqueza, el “derrotado” le respondió que no lo consideraba como primer magistrado sino como un usurpador. Además, como seguía siendo presidente del Senado, le anunció que no lo iba a posesionar. Por eso tuvo que hacerlo el presidente de la Cámara, José Vicente Concha.

Entonces, como la semana pasada, la mediación papal no operó. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, así la santa ceda. Y a pesar de que el César sea César Mauricio.

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