Por: Iván Mejía Álvarez

Los premios

Entre la crónica de un partido y el tradicional uno por uno, el aficionado común y corriente termina leyendo la calificación individual. A la gente le gusta más el análisis fácil, le encanta la individualización, le fascinan los premios, y de eso viven muchos medios.

Pero el hecho de que al público le gusten las calificaciones individuales y los premios al mejor o al peor —que también existen y son muy leídas—, no quiere decir que todos esos resultados y todas esas valoraciones sean certeras.

Cristiano Ronaldo acaba de recibir su cuarto Balón de Oro y una vez más triunfó la presión mediática. Este no ha sido el mejor año de CR, pero sí fue un año exitoso a nivel de conquistas colectivas. Ganó la Champions en una final donde su único mérito fue embocar la quinta pena máxima, y ganó la Eurocopa, donde fue asistente del técnico desde la raya cuando tuvo que salir lesionado a los quince minutos. Ni el Real Madrid ni Portugal ganaron por Cristiano, pero en su palmarés figuran las dos conquistas y ello fue suficiente para que terminara ganando su cuarto Balón de Oro.

En un año donde Iniesta y Xavi ganaron Mundial y Champions, el Balón de Oro fue para Messi. En esa oportunidad no valieron los títulos logrados, se impuso el mercadeo y el mundo quedó debiendo un premio a uno de los dos. No se sabe qué se vota, qué se elige, si el que mas títulos consiga o el “mejor”. Parece que este año ganan los títulos, porque, libra por libra, Messi es más jugador de fútbol que Cristiano. Messi es uno de los dos mejores de la historia y el lusitano anda lejos de esa calificación.

Son tan injustos los premios que Reinaldo Rueda no fue considerado uno de los tres mejores técnicos del año por The Best. Un entrenador que ganó la Copa Libertadores y llevó al mismo equipo a la final de la Copa Sudamericana, los dos trofeos continentales, no merece para la FIFA estar entre los tres mejores del mundo. Absurdo, completamente ridículo; parece que los premios sólo son válidos por lo que se haga en Europa.

Y está el caso de Armani, que nadie destaca como la gran figura del continente, cuando el portero con sus paradas y Borja con sus goles fueron determinantes para los éxitos de Nacional en los dos torneos de Suramérica.

Lo dicho: en esto de los premios hay demasiado de mercadeo, influencias extrañas en las votaciones, campañas desenfrenadas en los medios, y se cometen muchas injusticias.

 

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