Por: Hugo Sabogal

Los terroristas del vino

Esta historia parece más acorde con la vida de los trópicos que con la de la legendaria Francia.

Por ejemplo: grupos de revoltosos bloquean carreteras y luego detienen y amenazan a sus conductores. Y tras bajarlos de sus vehículos, derraman la carga transportada sobre el asfalto. También incendian oficinas y ocupan por la fuerza cubas de almacenamiento, cuyos grifos abren completamente para dejar salir a la calle todo el líquido guardado. En este caso, vino.

Muchas de estas acciones las ejecutan hombres enmascarados, que actúan con dureza e intimidación. Su radio de acción es la zona fronteriza de Francia y España, donde se les conoce con el nombre de “terroristas del vino”.

Sabemos que la historia europea está llena de fratricidas y sangrientas guerras; y que acciones similares, a comienzos del siglo XX, generaron muerte y destrucción.

Entonces, ¿qué explica esta nueva “guerra del vino”?

El meollo del asunto radica en la pésima situación económica de algunos bodegueros sureños, quienes se han declarado víctimas de un consumo menguado y de elevados impuestos, en medio de una avalancha de vinos españoles de bajo costo, importados por comerciantes franceses, que aparentemente sólo buscan el lucro, vendiéndolos dentro y fuera de Francia a precios elevados.

Denuncian, además, que esos vinos españoles no son de origen ibérico, sino comprados a Chile y Argentina, aunque esta denuncia nunca se ha confirmado.

Ante esta amenazante combinación de factores, viñateros del sudoeste francés crearon inicialmente el llamado Comité de Acción Regional de Bodegueros, conocido por sus siglas CRAV o CAV, con el fin de entablar diálogos con el gobierno. Pero ante la falta de respuestas, la acción dejó de ser retórica y pasó a ser violenta.

Al comienzo bloqueaban carreteras para impedirles a los camiones españoles ingresar vino en Francia.

Posteriormente procedieron a la incautación de vehículos y al vaciado de su contenido en la vía pública.

Y, por último, se lanzaron a asaltar bodegas de almacenamiento y a incendiar oficinas de las empresas importadoras.

Y durante el gobierno de Nicolás Sarkosy llegaron a insinuar que su indiferencia podría costarle la vida.

“¿Por qué lo hacemos? Porque nadie nos escucha”, dice un dirigente del movimiento CRAV.

¿Quién cederá? Al parecer, ninguna de las partes Y lo peor es que se anticipa otra escalada de terror en las próximas semanas y meses (final de la vendimia). Es una pena, porque la nobleza cultural del vino ya ha quedado manchada.

 

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