Por: Juan David Ochoa

Los Truenos del Siglo

El siglo XX inició su caudal de furia con un evento común entre los crímenes naturales del tiempo: el asesinato del archiduque Francisco en Bosnia. Era 1914 y Europa aún se pavoneaba con el estatus que le entregaba la Belle Èpoque y la aureola de las monarquías estables.

Aunque a la humanidad le parezca extenso el tiempo de este siglo que inició hace 16 años con el estallido monumental del 11-S, el tiempo apenas inicia, y apenas se acostumbra el mundo a lo que le deparan 100 años que parecen desde ya nada comunes y nada serenos. El tufo de pesimismo no resulta de una aseveración efectista o de un disfraz de oscuridad gratuito entre la fama que tiene hacer parte de la vieja casta del malditismo francés. Los eventos políticos de Medio Oriente y Occidente en conjunto no hablan de una altura diplomática digna de buenos augurios.

Turquía, el centro y el puente entre los dos hemisferios en cuestión, ha sido retomada en furia por  Erdogan después del aparente intento de golpe de Estado del 15 de Julio. Incrementó los arrestos a catedráticos y a funcionarios por sospecha y ha lanzado un grito de batalla al mundo de los infieles libertinos: “ El Islam no dialoga con nadie”. La ley Islámica que parecía superada entre el laicismo del progreso sigue ilesa y defendida por políticas oficiales y por ejércitos que siguen estallando bombas pretendiendo imponer los viejos Califatos en capitales modernas, sin que la seguridad del nuevo Mundo tenga hasta hoy un plan de contención efectivo.

Las Derechas ultras de las naciones que nos heredaron la autonomía mental vuelven a los escándalos chovinistas y a los tufos del racismo entre argumentos de nacionalismos urgentes: Marinne Le Pen, Desde Paris, sigue subiendo en intención de voto contra inmigrantes y  pasaportes extraños, y los analistas internacionales, tan tradicionalistas y tan modernos, niegan tajantemente la posibilidad de verla izando la bandera del poder, como negaban el ascenso en las primarias de díscolo Trump, y como negaban con risas de soberbia su elección sobre la candidata de Wall Street.

Vladimir Putin, desde Moscú, parece contar con todo el tiempo en el futuro para sustentar su Rusia Imperial con las nuevas anexiones que la vieja gloria de los zares respalda. Theresa May, Desde Londres, no parece tener muchas distancias ideológicas de la ya conocida por la Historia Margaret Thatcher, y ese relevo dramático después del Brexit sigue contando con la presión de los votos que la democracia faculta como los autores indiscutibles de la separación, y no podrá eludirlos tan fácil si la diplomacia sigue obedeciendo el discurso que impuso la historia del humanismo desde que Grecia la inventó con la presunción  más frágil.

El Siglo XXI ha iniciado con esa de espada Damocles: la sospecha de la Democracia, esa palabra que se creyó real durante los siglos en que sirvió medianamente para algo. En un año infantil del siglo ha sido elegido un histérico paranoico en el país más influyente entre las fichas paranoicas del mundo. 84 años quedarán para narrar la historia de un giro surreal o de un nuevo hundimiento.

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