Por: José Fernando Isaza

Maña

“Más vale maña que fuerza”, dicen los que usan proverbios o refranes. En Colombia, puede aplicarse el aforismo al conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de las Farc, llamando fuerza a la política de Seguridad Democrática y maña a la negociación en medio del conflicto.

La mayor parte de las muertes violentas en el país no son causadas directamente por la confrontación armada. Estas explican menos del 15% de las muertes; sin embargo, indirectamente el impacto es mucho mayor: las zonas de conflicto son áreas en las cuales la proporción a hacer “justicia por su propia mano” o resolver los problemas de convivencia recurriendo a los asesinatos es más frecuente. Esto explica por qué al descender la intensidad de la lucha armada, también se reducen los índices de muertes violentas por causas diferentes a esta.

El Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, CERAC, publica análisis cuantitativos sobre la evolución de pérdidas de vida por causa del enfrentamiento con la guerrilla de las Farc.

La política de Uribe de Seguridad Democrática (2002-2010) no produjo reducción sustancial de números de muertos del Ejercito y la guerrilla, comparada con el periodo de recrudecimiento del conflicto (1996-2002). En este periodo el promedio de muertes mensuales era de 20; durante el periodo de Uribe el número se reduce a 18. Una baja más significativa se obtiene durante el periodo de negociaciones (18 de octubre 2012-10 de diciembre 2015) en el gobierno de Santos, 11 por mes.

Cuando las Farc rompieron la tregua unilateral en mayo de 2015 quedó claro que tenían un poder de causar grandes daños a la población, a la economía y a la ecología, poniendo así en duda la afirmación de Uribe en el sentido que la había derrotado. Es bueno recordar que, al iniciarse el gobierno de Uribe, la ministra de Defensa proclamó que en un año las Farc serían aniquiladas; como esto no sucedió en los cuatro primeros años de Uribe, este modificó la Constitución, a su favor, para obtener otros cuatro años y derrotarlas; esto tampoco sucedió.

Su argumento para perpetuarse en el poder era que necesitaba más tiempo para derrotar a las Farc. La política de Seguridad Democrática, con el pretexto de acabar la guerrilla, arreció los ataques a la oposición democrática, violentó los derechos civiles y estimuló graves crímenes cometidos por algunos miembros del Ejército, al llamar “falsas denuncias” a los asesinatos y tratando de justificar los asesinatos de civiles desarmados con la frase “no estaban cogiendo café”.

La tregua unilateral, definida por las Farc el 20 de julio pasado, y el desescalamiento, al no bombardear los campamentos, han mostrado resultados. En el periodo julio-diciembre 2015, ha habido 16 combates entre las Farc y el Ejército; 17 guerrilleros y tres militares muertos. Cuatro posibles violaciones a la tregua; la guerrilla reconoce que un civil muerto fue una violación de estas. El número de muertes en el conflicto se ha reducido a un promedio mensual menor que dos. El CERAC estima que la negociación ha prevenido 1.500 muertes en combate, cuando compara los índices del periodo de negociación con los de la Seguridad Democrática.

En las vacaciones de fin de año se registró un aumento del turismo interno en zonas “rojas”; se pudo viajar por carretera. A esto ayudó la tregua, la devaluación y la presencia del Ejército en áreas críticas. Presencia más amable y efectiva que la intimidante del gobierno anterior.

 

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