Por: Antieditorial

Más allá del uniforme

Hay un chiste homofóbico según el cual las personas con orientaciones sexuales diversas están adquiriendo tantos o más derechos que los heterosexuales que lo que falta es que las hagan obligatorias. Es extremo el chiste, pero hay indicios de que se puede estar incurriendo en una conducta también extrema, que lleva a pensar que “una orientación sexual es preferible a la otra”, según dice el editorial glosado.

Por Leila Delgado Almanza

Por supuesto, estoy por el respeto debido a los derechos fundamentales de la población LGBTI: la vida, la salud, el libre desarrollo de la personalidad, el derecho a constituir familia y formalizar sus uniones de pareja en un matrimonio con plenos derechos a la adopción, el divorcio, la herencia y la no discriminación en general en los usos y las costumbres. Los mismos derechos que pedimos para las mujeres. Mas parece que las tendencias alternativas en esta materia nos están ganando la partida. ¿Será acaso porque la mayoría de esta minoría es legalmente masculina?

Aun cuando sea llamativo en estos momentos el caso del acceso a altos cargos públicos denegados para parejas heterosexuales, han pasado a ser parte del escenario las parejas lésbicas y públicas y confesas de dos congresistas y de las ministras de Educación y de su pareja, la ministra saliente de Transporte. Sin desconocer la presencia de parejas gais en todo tipo de cargos, el Ministerio de Educación es muy adecuado para extremar acciones que, lejos de crear ambientes educativos de respeto, incitan a experimentar a jóvenes heterosexuales prácticas que muchas veces no están en su orientación sexual, ni identidad de género, sino “por estar de moda”, lo que los adolescentes consideran digno de imitar. ¿Y qué más digno de imitar que lo que se observa en la órbita educativa? No estoy pidiendo la cabeza de la ministra por su homosexualidad, por cosas más graves debería renunciar, como las denuncias por muchos medios de Fecode y académicos en el manejo de programas del sector, entre otros: Ser Pilo Paga, los exagerados gastos en publicidad, el embeleco del Índice Sintético de Calidad, la privatización extrema de la educación superior en desmedro de la universidad pública…

Si bien la ciencia reconoce un componente genético en la orientación sexual, también sabemos que el medio y el ejemplo condicionan comportamientos. Unas amigas psicólogas que realizan programas en instituciones educativas de Medellín y Barranquilla han informado el aumento últimamente en planteles de estas ciudades de relaciones homosexuales precoces, con manifestaciones públicas en sus predios, más allá de cogida de manos y besos fortuitos. En los seguimientos de estos casos los estudiantes aducen no ser homosexuales sino “estar explorando su identidad sexual”. Por supuesto, faltarían estudios que corroboraran las apreciaciones de mis ilustres contertulias.

La formación de docentes, directivos y estudiantes y sociedad en general de la existencia social y natural de diversas opciones sexuales en una verdadera cátedra transversal es un imperativo en la formación individual. Legislar contra la discriminación de todo tipo es una obligación estatal, y aceptar algunas normas de conductas que conciban las manifestaciones de la sexualidad como de la órbita privada debe, según mi criterio de docente de larga experiencia en la vida y el trato con niños y jóvenes, volver a ser un principio rector de las costumbres en esta materia para todos los estratos.

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