Por: Catalina Uribe

Masculino-Femenino

Cuando tenía como 11 o 12 años participé en una competencia de natación. Me acuerdo poco del evento, excepto que al final del torneo otra nadadora me dijo: “bueno, es hora de que dejemos de nadar estilo mariposa. Se nos va a crecer la espalda”.

Su comentario me hizo consciente de un cierto temor entre algunas compañeras de que su cuerpo dejara de verse lo suficientemente “femenino”. Al parecer, estaba bien que los hombres fueran increíblemente atléticos, pero para las mujeres había una diferencia entre lo justo y el exceso.

El exceso “masculino” en las mujeres sigue siendo tema de obsesión. Ya es conocido el caso de Caster Semenya, la atleta surafricana cuyos niveles de testosterona son más altos que los del promedio. Por tener un poco más de esta hormona, Semenya ha sido desvergonzadamente interrogada sobre si ella es de verdad mujer. Las autoridades olímpicas se han encaprichado con la testosterona de Semenya y otras deportistas, pues para ellas hay un límite. Por el contrario, el exceso en los brazos de Phelps y en las piernas de Bolt no genera controversia, aunque ambos cuerpos se salen claramente del promedio.

A decir verdad, me uno a quienes creen que una exigencia de una igualdad milimétrica en los cuerpos es ridícula y contraria al espíritu del deporte. Pero es desconcertante que lo que se acepta en Phelps y Bolt, se rechace en el caso de Semenya. Aún más, cuando el exceso de testosterona ni siquiera se traduce en una ventaja deportiva; su cuerpo, como lo afirmó un reportaje del NYTimes, no por tener más de la hormona es capaz de asimilarla.

No es claro qué es lo que asusta de la fuerza en las mujeres, pero hay algo en el inconsciente que aterroriza a muchos. Esta semana Andy Murray tuvo que corregir a un periodista cuando le preguntó qué se sentía ser el primer tenista en ganar dos medallas de oro en los olímpicos. “Venus y Serena han ganado cerca de cuatro medallas cada una”, respondió Murray. Y son estas mismas tenistas olvidadas quienes han tenido que soportar durante su carrera comentarios sobre su juego fuerte y “no femenino”.

 

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