Por: Columnista invitado

Medio ambiente y las medidas “fachada” del Gobierno

Si uno se atiene a los compromisos de Colombia en materia de calentamiento global, la conclusión obligada es que son “pura fachada”.

Colombia es un país especialmente vulnerable a los efectos del calentamiento global. Un estudio de Planeación Nacional del año pasado señala que “los efectos del cambio climático podrían generar pérdidas permanentes en la economía, hasta finales del siglo, que acumuladas serían equivalentes a perder cerca de cuatro veces el PIB (producto interno bruto) de 2010”. Aunque sólo fuera por egoísmo, nuestro país debería hacer más por contener el calentamiento global.

Sin embargo, la meta que el Gobierno lleva a la Cumbre del Clima en París de reducción de gases contaminantes es bastante modesta, 17 puntos porcentuales por debajo de la de Brasil y diez por debajo de Chile y Perú. Esta modestia encubre, además, una falta rotunda de compromiso con la búsqueda de alternativas al predicamento en el cual se encuentra no sólo la humanidad sino todo el planeta.

De partida, es preciso notar que el Gobierno subsidia la industria de los hidrocarburos. Recursos que se habrían podido destinar a energías limpias han sido dedicados a una industria contaminante. Una reciente convocatoria de Colciencias ofrecía para el área de hidrocarburos 7.600 millones de pesos. La oferta incluía recursos para el “fracking”, una técnica de explotación bastante cuestionada en todo el mundo por sus efectos negativos en el medio ambiente. De seguir esta tendencia, Colombia continuará borrando con el codo todo lo que dice que va a hacer con la mano.

Lo crucial, sin embargo, es que la prosperidad de este país está amarrada a la contaminación del planeta. Las dos terceras partes de nuestras exportaciones son productos contaminantes: carbón y petróleo. La única forma de hacer la vida viable en la Tierra es dejando la mayoría de las reservas de esos productos donde están. Eso requiere sustituir las fuentes sucias de energía por fuentes limpias.

Esto supone dos desafíos para el país. Uno, transformar la forma como se mueve y se mantiene funcionado; dos, transformarse para producir bienes y servicios menos dañinos para la vida que los que actualmente produce. Si hay un área donde deberían estar los mejores líderes del país es en estas dos.

La directora del Fondo Monetario Internacional y el presidente del Banco Mundial coinciden en que la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero requiere de un sustancial aumento de los impuestos a la energía de origen fósil. Esto no concuerda con las metas macroeconómicas de menor inflación, pero sí con la meta vital de menor calentamiento global. Altos impuestos a la gasolina, el carbón, etc., servirían para desestimular su uso y para recaudar fondos para financiar la energía limpia.

A lo anterior quisiera agregar que el país haría bien en alejarse del consumo de carne. Este es un lujo que sólo nos podemos dar a costa de la supervivencia del planeta. La producción de carne hace una contribución nada despreciable al calentamiento global, además de tener otros efectos nocivos para el medio ambiente. A lo cual hay que agregar que, según recientes estudios, la carne procesada produce cáncer.

* Profesor asistente del IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.

 

 

 

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