Por: Jorge Eduardo Espinosa

Medios, ¿cómplices del asesino?

Ha dejado de sorprenderme el desprestigio de los medios de comunicación.

El lunes 5 de diciembre, antes del medio día, circulaba en redes una terrible noticia: una niña de 7 años había sido asesinada en un sector de ricos en Bogotá. La historia, que ha ido enredándose más a medida que pasan las horas, empezó con un video de una cámara de seguridad que mostraba una camioneta gris saliendo del barrio Bosque Calderón en Chapinero. No era posible, desde ese ángulo, ver quién o quiénes estaban dentro del vehículo. Antes de todo esto, a las 6:30 de la mañana, el noticiero de radio en el que trabajo registró la desaparición de una niña, la denuncia de su familia y la búsqueda que a esa hora, creíamos, seguía haciendo la policía. Un par de horas después se confirmó la atrocidad. Ocurrido esto, la redacción envió un reportero al edificio Equus 66, supimos en qué apartamento hallaron el cadáver y unos minutos después, antes del medio día, el nombre del dueño: Rafael Uribe Noguera.

Antes de la 1 de la tarde, como ocurre siempre, algunos medios tenían cierta información que otros medios no. La W, por ejemplo, dio el nombre del arquitecto de 38 años antes de las 8:30 de la mañana. Un periódico importante no lo publicó sino hasta entrada la tarde, otro lo hizo un par de horas antes, el noticiero de un canal, por el afán, publicó el nombre de Uribe Noguera pero lo acompañó de una foto equivocada: un pobre cristiano apareció en la pantalla de millones como el presunto agresor y asesino de una niña de 7 años. Horror. Cada director de medio o jefe de redacción, dependiendo de sus fuentes y de lo que le cuenten sus periodistas, decide cuándo y cómo publicar una noticia. Nunca es fácil decidir cómo titular y qué detalles dar cuando se trata de un asunto tan delicado: una niña raptada, abusada, torturada. Mientras tanto, en redes y con una asombrosa seguridad, muchos acusaban a los medios de ser cómplices del asesino, de no querer publicar el nombre porque su familia era influyente y supuestamente poderosa, de ocultar información para tratar de dejarlo todo en la impunidad. En cuestión de segundos miles de inquietos y brillantes tuiteros afirmaban una compleja teoría de la conspiración universal contra la verdad. Los medios, porque sí y porque no, éramos desvergonzados y criminales cómplices de un monstruo asesino y su influyente familia.

Ahora, ¿en qué fallamos? En no seguir con atención suficiente la noticia en las primeras horas. Tal vez por la cantidad de horrores que registramos todos los días perdemos la sensibilidad ante ciertos episodios, tal vez no entendimos la magnitud de lo ocurrido, la indignación justificada de un acto que te quita el sueño. Una atrocidad así jamás debería pasar desapercibida, no tendría que reducirse a un titular y dos párrafos en la página 12 del periódico. Y sin embargo, pasa. Además de los miles de consumidores de información que esperaban sangre y acusaciones ligeras de los medios porque de lo contrario “ustedes están del lado del asesino”, otros sí pusieron sobre la mesa discusiones interesantes: ¿por qué decidimos publicar el nombre y la foto de la niña asesinada? ¿Por qué al asesino de Monserrate le dijeron el “monstruo” y a Uribe Noguera el “polémico arquitecto”? ¿Por qué y para qué entrevistar al papá de la niña asesinada?
Decía que ya ha dejado de sorprenderme el desprestigio de los medios. Los mismos que hoy nos acusan de “ocultar” al asesino, mañana nos condenarán por ser ligeros con la información y por jugar a ser jueces y verdugos. Exigirán, con fuego en los ojos, imparcialidad, objetividad y nada de amarillismos. Muchos de nosotros, tratando de evitar señalamientos y acusaciones, caemos en la tentación de publicar información no confirmada, en dar detalles que no aportan a la causa del periodismo, en acusar antes que en preguntar. El día que sienta algún tipo de presión para que no diga o no investigue o no publique, el día que sienta una conspiración contra la verdad caer sobre mis hombros, decidiré abandonar el micrófono y dedicarme a otra cosa. El periodismo, les guste o no, no puede comportarse como un tuitero indignado. Indígnense si quieren.

@espinosaradio

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