Por: Iván Mejía Álvarez

Mercachifles

José Augusto Cadena debe ser uno de los personajes más nefastos que han pasado por la historia del fútbol colombiano. Y eso, de por sí, ya constituye un hecho notable en un país donde se han visto todo tipo de alimañas y especímenes.

Cadena tiene el precedente de ser igualmente aborrecido en Tunja, Bucaramanga y ahora en Cúcuta, donde lo desprecian a más no poder. Cadena ha fracasado en todas las empresas deportivas, equipos de fútbol, por donde ha pasado. Cadena no tiene el menor sentido de pertenencia con las ciudades a donde ha llevado sus pesitos y donde ha acumulado frustraciones, deudas colosales y manejos de dudoso contenido. Es un mercachifle del fútbol. Un vulgar mercenario que sólo deja desolación por donde pasa.

Ahora Cadena, declarado persona no grata por la ciudadanía y las autoridades de Norte de Santander, trae su “equipo” y un montón de deudas y demandas de todo tipo a Zipaquirá, donde fungirá como local en el próximo torneo de la B.

¿Y la Dimayor? Bien, gracias. Haciéndose los de la vista gorda, apoyando a uno de los suyos en una extraña fraternidad de género, alentando a que empresarios avivatos dañen la imagen del fútbol con sus desaguisados. El presidente Perdomo lo acompaña como guardaespaldas, lo protege, lo mima; es un votico que hay que cuidar. Por detrás, los dirigentes hablan de acabar con los tipos como Cadena, Salazar y Soto, personajes que viven trasteándose de ciudad en ciudad, dejando desolación y tristeza a su paso. Hablan mal de ellos, pero ninguno es capaz de llevar a la Dimayor una ponencia para meter a estos mercaderes en cintura.

Duele que una ciudad como Cúcuta se quede sin fútbol profesional por culpa de un dirigente inepto, incapaz, incompetente, que carece de los más elementales principios de seriedad y capacidad administrativa.

Pero qué puede esperarse de un fútbol donde un mismo dirigente tiene dos equipos en la misma categoría y juega las finales en el mismo grupo. El precedente de Hernando Ángel con el Quindío y el Popayán es tremendo, pero todos miran para un lado, nadie quiere entender la ausencia de juego limpio que ello significa, a nadie le interesa que se juegue con cartas marcadas.

La imagen del fútbol no va a cambiar por un nuevo logo, por una mano de pintura en la fachada. La imagen ante la gente está manchada porque existen dirigentes como Cadena y casos como el de Ángel y sus dos equipos, y porque nadie tiene calzones entre los directivos para decir basta, eso no puede ir más.

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