Por: Enrique Aparicio

Mi pincel os hará vivir eternamente

El tema que nos ocupa en esta nota son dos pinturas de Rembrandt que están haciendo mucho ruido en el mundo del arte.

Le costaron 160 millones de euros a los museos del Louvre (París) y al Museo del Reino (Ámsterdam), es decir, comiencen a multiplicar.  Rembrandt será siempre noticia.  Cuando me he referido a este pintor, hablo siempre de mi vecino pues su casa de joven está a 200 metros de donde yo vivo.  Nació en 1606 (Leiden)  y murió en 1669 (Ámsterdam).  Vivió en plena Edad de Oro, cuando el billete abundó sin límites en la sociedad holandesa hasta el punto que siendo en esa época ya famoso, las clases menos pudientes se podían dar el lujo de comprar un Rembrandt en formato pequeño.

Los cuadros tratan del matrimonio de Marten (el esposo) y Oopjen (a esposa) Soolmans.  Ambos pintados (1634) de cuerpo entero,  algo que nunca hizo con otras parejas.  

Hay aspectos novelescos.  Las obras no llamaron la atención especialmente.  Pertenecían a un marchante de arte quien las dejó como parte de su herencia a su hija Anna Louisa Agatha. Fue un famoso crítico de arte francés, Théophile Thoré, que se fascinó con la mujer, quien entre otras dijo que tenía una expresión de “yo no sé qué” solo comparable con la misteriosa mirada de La Gioconda de Leonardo y en su entusiasmo la llamó “La Mona Lisa de los Países Bajos”.

Sea lo que sea, este crítico sacó del letargo artístico a estas dos obras (ver You Tube) que  se comenzaron a valorar y obvio tratarse de un trabajo del maestro ayudó.   Pero veamos un poco sobre la vida de Marten.  Su padre, un hombre de mal temperamento quien, como consta en algunos escritos de la iglesia protestante holandesa, ejercía una gran violencia contra su madre.  En resumen: le pegaba y de paso a los sirvientes.  Hizo plata con una empresa azucarera en Ámsterdam y por lo que parece mucha. A su muerte la viuda se movió a Amersfoort, una ciudad cercana.  Marten, aburrido con una sociedad tan cerrada, decidió ir a estudiar leyes en la famosa universidad de Leiden, o sea mi ciudad.  Eso sí, se trajo a un sirviente para que le diera una mano en el día a día.  

Dicen que Rembrandt y Marten se han podido conocer ya que ambos vivían cerca uno del otro.  Además  iban al  mismo  café.  Un metedero que se llamaba Los tres Arenques.

La futura esposa nació en medio de todos los mimos que una familia acaudalada del momento y  parte de la oligarquía de la ciudad, le podía ofrecer.  La riqueza familiar se debía al trabajo del viejo, el abuelo, que comerció en grano y pólvora.  A su muerte dejó una herencia considerable.  Hombre sagaz y de gran inteligencia, bueno para las relaciones públicas, fue parte de la élite política de Ámsterdam.  Su hijo (el padre de Oopjen)  disfrutó no solo la herencia sino la posición social que el viejo había labrado a punta de trabajo y buen instinto comercial.  Ocupó puestos que le daban gran respetabilidad, entre ellos gobernador del asilo para leprosos de Ámsterdam.

No es claro cómo se conoció la pareja. Parece que unos parientes cercanos a  familia de la mujer conectaron a las dos familias.  En términos de ese momento los arreglos pre nupciales existían y las finanzas también.  Solucionada de común acuerdo la parte económica,  quedó claro que el dinero no sería un problema para el matrimonio.

Ya en época más reciente, vemos aparecer los cuadros en los predios franceses de la familia Rothschild.  Las malas lenguas cuentan que un magnate asiático se interesó por las obras, lo que empujó a dos pesos pesados del arte, el museo del Louvre (París)  y el Museo del Reino (Ámsterdam), a juntar entre ambos los centavos para comprarlas antes que el asiático se alzara con ellas.

El epílogo es el siguiente: Los dos grandes museos compartirán la exhibición de las pinturas, un tiempo en Francia y luego otro en Holanda.  Así podrán verlas en forma intercalada los millones de interesados.  Es claro que a Marten y Oopjen nunca los hubiéramos conocido si no fuera por el pincel de Rembrandt, que inmortalizó tanta gente y situaciones.

En nuestro caso asistimos a su exhibición en el Museo del Reino, en un día muy agradable de verano.  La pareja estaba allí en uno de los grandes salones.  Aprovechamos el momento  para hacerles unas tomas con la cámara de video.  Favor de observar los zapatos de moda de la época que usaba el esposo.

Marten y Oopjen estarán expuestos en el Museo del Reino (Ámsterdam) hasta el 2 de octubre.  Más información en: www.rijksmuseum.nl

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