Por: Daniel Emilio Rojas Castro

Miscelánea 2016

El año finaliza con la efervescencia del populismo conservador en los cinco continentes y con el aumento de los radicalismos religiosos, un panorama poco alentador para iniciar el 2017.

Este año mis lectores me honraron con cerca de 145 comentarios repartidos en 32 columnas publicadas entre enero y diciembre de 2016. Los sustantivos más empleados por mis comentadores fueron ‘FARC’, ‘guerra’, Colombia’ y ‘fascismo’.

En comparación con el 2015, en este 2016 los ataques personales se multiplicaron, lo que quizás pueda explicarse por el tipo de temas que abordé y por las diferentes coyunturas políticas que vivió el país en el último segmento de las negociaciones de paz. En los mejores casos, padres orgullosos mencionaron que sus hijos podrían escribir mejor que yo y criticaron a El Espectador por darle la palabra a despistados que no poseen ningún conocimiento de la realidad. En el peor, fui acusado de escribir mis columnas bajo el perverso influjo del basuco (que se escribe con s y no con z, querido lector) y de ser un narco-terrorista mamerto y pseudo-intelectual que aspira a firmar contratos con el Estado, las FARC y Juhampa.

Varios de los comentarios sobre la crisis migratoria europea —a la que me referí en varias ocasiones— reflejaron el universalismo de algunos de mis lectores. En esta ocasión el premio mayor se lo llevó quien señaló que es una tristeza que Londres o París se hayan convertido en capitales tercermundistas por albergar a tantos africanos y a tantos árabes. Europa, sentenciaba el comentarista, se convirtió en el estercolero tercermundista de los negros y del Islam… Para alimentar el fantasma decimonónico y colonial de mi lector recomiendo ver la película Midnight in Paris, de W. Allen, donde se versifica a la perfección un París irreal, sin poblaciones de migrantes, lleno de clichés estúpidos, de ídolos literarios, de buen vino y donde los únicos extranjeros que figuran en la pantalla son, desde luego, estadounidenses blancos y ricos.

Entre muchos de mis comentaristas sigue reinando un decidido conspiracionismo para lanzar cualquier opinión sobre Rusia, inspirado en imágenes baratas de películas de espías durante la Guerra fría o en una rampante ignorancia sobre las relaciones de fuerza que se crean (y se deshacen) en el sistema internacional. Varios de mis lectores señalaron que el presidente ruso V. Putin es el hombre más poderoso del mundo desde su intervención en Ucrania y Siria. Una buena perla para cerrar con broche de oro.

Los silencios dicen tanto como las palabras y este año la ausencia de comentarios se hizo sentir en mis columnas sobre Arabia Saudita, sobre los problemas del calentamiento global y sobre las elecciones presidenciales en el Líbano que dieron a Michel Aoun como ganador…

El año pasó sin innovaciones lingüísticas significativas, pero en cambio mis lectores hicieron gala de su cultura latina para analizar y comentar la política y la guerra en Colombia y en el mundo. Debo destacar el comentario que incluyó una sentencia de Publio Terencio Afro, un antiguo esclavo romano del siglo III a.c. que adaptó varias comedias griegas al latín, considerado como uno de los dramaturgos romanos más influyentes y a quien no conocía. Gracias por esta preciosa referencia.

Aplaudiendo la refrendación de los acuerdos de paz, la iniciativa (fallida) del papa Francisco para acercar al presidente Santos y al senador Uribe, y esperando que las conversaciones con el ELN no sigan dilatándose más, le deseo a Fidel Cano, a todo el equipo de El Espectador, a sus columnistas y a todos mis lectores un feliz y prospero año 2017.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Emilio Rojas Castro

Pedro Sánchez, la apuesta europea

El club de las malas prácticas

Un nuevo consenso europeo

Arribismo colombiano

La cuestión indígena